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Motörhead era como era, original y precursora, además de por la peculiar voz de Lemmy, por la forma en la que este ejecutaba el bajo. Lemmy Kilmister celebró el 24 de diciembre 70 años de vida. Dos días después fue diagnosticado con cáncer. Una enfermedad fulminante que le doblegó finalmente en pocas horas. 

Es verdad que desde el año 2000, el músico luchaba por controlar una diabetes que amenazaba su vida pese a que siempre pensó que era inmortal. Y no es una broma dado el grado de adicción múltiple a los estupefacientes durante toda su vida. Unas costumbres a las que nunca quiso poner fin. Él lo aguantaba todo. Todo menos este cáncer que se lo ha llevado. 

Durante toda su vida nunca estubieron ausentes los cigarrillos y el alcohol, no pudo hacer mucho contra el estilo de un hombre que decía que su trabajo dependía principalmente de estos dos vicios.

Y ese trabajo influyó en mucho otros músicos. El bajo de Lemmy Kilmister podía confundirse con una guitarra eléctrica, un sonido que generaba mucha curiosidad y que, precisamente, durante una escena de “Lemmy”, el documental del 2010 a cargo de Greg Olliver y Wes Orshoski, el músico se dedicó a explicar. Lemmy decía que eran dos las características que diferenciaban su ejecución de la de otros bajistas de rock: él tocaba acordes y no punteos y distorsionaba al máximo sus amplificadores Marshall.

Y es que conviene no olvidar que algunos músicos que han citado a Lemmy Kilmister como influencia son Lars Ulrich de Metallica y Dave Grohl de Nirvana.