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Qué espacio más mono para trabajar tienes, ¿siempre has trabajado para ti mismo?

Siempre he tenido mi empresa, tengo estudios de grabación que al final lo que hacen es estar trabajando para otros. Pero desde hace cinco años monté con 4 socios “MUWOM”, un proyecto en el que trabajamos con la parte de marcas y música. Y la verdad es que muy bien, hay mucha aceptación de una industria que va a la baja, o eso dicen, que está peor; pero nosotros aquí tenemos la sensación de que es costoso y diferente, pero en el fondo nos va mejor. 

Los grandes estudios de grabación, los clásicos, ¿siguen teniendo sentido teniendo en cuenta los miles de programas digitales de edición buenos que hay?

Sí, sí lo creo. Al final para hacer un buen disco con una banda necesitas un espacio para trabajar y una calidad de sonido. Lo puedes hacer en sitios pequeños, pero piensa que si quieres grabar con una orquesta son 47 músicos, solo los puedes meter en una sala muy grande. Si quieres grabar con batería necesitas el sonido del aire y salas grandes. Todo lo que sea en directo, como hicimos la vez anterior en “NawjaJean”, que grabamos en círculo mirándonos, necesita de metros. 

Oye, Carlos, muy bien con el disco nuevo de Bebe, ¿no?

¿Te ha gustado? Yo estoy muy contento. Teníamos muchas ganas de hacer música, hacía mucho que no hacía música y me sumergía en un proyecto largo, necesitaba volver a hacer discos. 

(Mientras charlamos entra Nawja Nimri y se saludan) Me encanta como os sonreís, ¿hay mucha complicidad, no?

Claro, “NawjaJean” siempre está ahí, aunque trabajamos con nuestros tiempos. Nos gustamos mucho musicalmente, nos entendemos y las cosas que pasan en el estudio con ella, solamente pasan con ella y allí. Luego hay otras producciones y una muy especial es la de Bebe, tienes que meterte en el corazón de una persona y ayudar a que esa persona traduzca esa idea a la gente no es fácil. Para mí Bebe es una de las artistas más crudas que hay a la hora de contar historias, expresar lo que es el amor, el dolor del amor, cosas de la vida cotidiana con esa capacidad. Bebe te coge el corazón, te lo saca un rato y te lo devuelve al final del disco. Es un orgullo porque hay muy pocos artistas como ella en España y ser el productor de sus 3 trabajos me ha encantado. 

¿Por qué Bebe parece tan humana y tan distante a la vez?

Ni es tan humana, ni parece tan distante. (Ríe) Es Bebe, es una persona normal y corriente pero no es de las que te explica las cosas como te las tiene que contar, ella lo hace cantando como nadie. Con lo cual, es difícil que lo que te debería explicar de manera más normal… no pase. Siempre digo que en este país no estamos acostumbrados a que haya artistas distintos, aquí premiamos a un tío que llora mucho en un concurso y lo hacemos un gran artista, pero una tía que te saca el corazón con su música no tiene porqué ser políticamente correcta, este es el gran error. Juzgamos más si Bebe tiene un conflicto en una sala con los periodistas que cómo canta. Eso no es buen periodismo, el buen periodismo es el que sabe reflejar lo que está haciendo esa chica. No sé si tiene que ser más o menos simpática, pero para mí cuando un artista en este país gana un concurso porque llora… Creo que no somos objetivos con las cosas, tenemos un artista que ha durado mucho tiempo porque lloró y se le votó por pena. Joder, hablamos de música, no de llorar. 

Ya, pero estarás conmigo en que hay buena y mala música.

Por supuesto, pero aquí en España se juzga antes la relación que te une con el periodista, el trato en la entrevista… antes que la música, que de eso hablamos. Yo soy abierto y amable pero podría ser huraño y estar metido en mi estudio haciendo música electrónica y no hablar con nadie, ¿no? No quiero que juzguen cómo soy, sino la música que hago, me gusta que juzguen “Cambio de piel”. Tenemos que ser más maduros en esto, y a Bebe esto le ha hecho mucho daño. Yo no estaba en la sala Sol cuando pasó lo de la prensa, pero te digo, a mí tras actuar me hacen salir a contestar preguntas y el que manda a tomar por culo a la gente soy yo. El estado de adrenalina que tienes después de cantar, y más alguien como Bebe, es brutal. Cuando estamos juntos en el estudio nos pasamos horas llorando de la emoción de las canciones, no lo puedes evitar. Son canciones que se meten en el corazón, y a veces Bebe cuando se sube al escenario y lo interpreta tan bien que lo pasa mal. Y claro, justo después de actuar no puedes salir, no es el momento de preguntar o contestar nada. Por eso intento no hacer análisis de qué es lo que pasó exactamente, pero quede claro que Bebe es mucho más de lo que pudiera pasar en la sala Sol un día. Y la prensa decide fulminar a un artista porque se comporta de cierta manera, pues bueno. Hay gente que tiene que ser políticamente correcta porque no tiene nada más, es duro lo que digo, lo sé. 

Muchas veces queremos entrevistas diferentes, pero a menudo no nos gusta lo que nos contestan… Pero es un riesgo que hay que correr. 

Hay que tener empatía, todo depende el momento. Físicamente yo soy muy reconocible y de repente sientes que has perdido tu vida y es que es así. ¿Tiene que ser así? Dime. Pues no, tú vas a la panadería, está cerrada y no compras pan. No le das la paliza para que te venda el pan cuando tú quieras. No, hombre, no. ¿O no es así? Un día hablando con Fernando Torres me dijo que se quedó alucinado de Inglaterra con el respeto de la gente, termina un partido y si estás comiendo no se acerca nadie, aquí te dicen: “Ah perdona, estás comiendo, ¿no?” Pues no, estoy dibujando un libro, pues claro que estoy comiendo. En el fondo lo que debes tener es tacto, no puedes invadir la intimidad de una persona solamente porque sea famosa. 

Creemos que pagar una entrada o un disco te da derecho a esta invasión, jamás me he acercado a nadie porque me muero de pudor. 

No pasa nada si eres respetuoso. A mí me molesta que se acerquen y me digan: “¿Tú cómo te llamabas?”.

¿En serio? 

Sí, sí. Te dicen: “Tú eras famosos, sales en El Hormiguero, ¿cómo era tu nombre?”. Pero como digo yo, en este país tienes que tener la sonrisa de guardia porque como no sea así es muy posible que digan. “Qué gilipollas es”. Y lo dicen, eh, si no sonríes porque estás discutiendo con un amigo o con tu mujer, no sé, y te preguntas qué tal, pues te giras y no tienes sonrisa de guardia, obviamente y es probable que esa persona diga que soy un antipático. Es que es así. 

¿Puedes entender que haya gente que no aguante la música?

Bueno, es que hay música muy mala. A mí con electro latino más de tres minutos ya me da algo, no me gusta nada. Fíjate que hay cosas de reggaetón, como Calle 13 que me gusta, pero no, no me atrapa. No me gustan las letras. 

Bueno, es que deberían hacer un estudio sociológico de estas letras. 

Ya ves, a veces hay que pensarlo, estamos defendiendo siempre la igualdad de género y he escuchado algunas letras…

¿Qué tenían los años 90 que no tenemos ahora?
¡Spotify! (Reímos) Redes sociales, música en los bolsillos, antes teníamos paredes enteras llenas de música y ahora lo llevamos todo en un bolsillo. Ahora hay más música que antes, pero, ¿sabes lo que pasa? Que nadie se ha lanzado a darle valor, sino todo lo contrario, entre que la industria se ha pasado la vida protestado por la piratería y que los artistas no hemos sido capaces de liderar nuestro propio trabajo, al final ha habido una pérdida del valor musical importantísimo. Debemos volver a coger las riendas, que la gente vea el making off de los discos porque hay mucho guión detrás de eso. Ahora todo el mundo saca un single, hace música y se ha perdido el valor. 

¿Qué canción le pondrías a esta entrevista? Que las personas transmitimos…

Es una buena pregunta con difícil respuesta. Me gusta mucho dentro de la felicidad escuchar cosas que tienen nostalgia, de modo que pondría “Sweet Revenge” de Sakamoto. Es una canción que le denegaron en una película porque decían que no era buena y la sacó él mismo, además, es una canción gracias a la cual soy productor. Es fresca y distendida, así que ponemos esa, ¿vale?