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No importa si ha sido su leyenda, su pluma afilada o su lengua sin pelos la responsable de elevar a sus 65 años a Joaquín Sabina los altares que desde hace años le esperaban; da igual, porque una sin las otras, no existiría. El caso es que pocos pensaron en los primeros años setenta con Franco al frente del Estado, cuando un cóctel molotov contra una sucursal bancaria le hizo exiliarse en Londres, que aquel jienense menudo, hijo de inspector de policía y ama de casa, se convertiría en uno de los hijos predilectos de Madrid y en toda una pop star.

No ha sido fácil. Joaquín Sabina ha invertido muchas noches, muchos Ducados y mucha poesía en crear su leyenda. Llegó a sus cuarenta y diez siendo casi un adolescente y lo que es peor: tuvo que superar a lo que él siempre se ha referido como “marichalazo leve” para que todo lo que tocara se acabara convirtiendo en oro. No sin antes haber puesto la miel en la boca al público mayoritario con un maravilloso '19 Días y 500 noches', tan flamenco como castizo, que superó las 500.000 copias vendidas. Corría el año 1999. Y en agosto del año siguiente, a finales de mes, le dio el 'yuyu'.

Pero si ni una dictadura, ni un exilio (durante el que además de ver en cine las películas de Buñuel conoció al mismísimo George Harrison -que le dio una propina de cinco pounds que hasta no hace mucho conservaba-), ni dos matrimonios pudieron con él, no lo iba a hacer un infarto cerebral leve; ni mucho menos la depresión que tuvo después. Mientras la superaba y no, dejó la cocaína (aunque en alguna ocasión había dicho que había dejado de consumir cuatro meses antes del susto), pasó del tabaco durante ocho meses (los más largos de su vida, según ha afirmado), se publicó 'Dímelo en la calle', escribió el himno del Atlético de Madrid, algunas canciones para películas y amigos y con el imprescindible apoyo de su colega el poeta Luis García Montero, co-autor de 'Alivio de luto', superó el bache.

Luego llegaron las colaboraciones con Serrat y Pereza, las grandes giras, las estancias largas en su tan amado otro lado del Atlántico. Y aquel cantautor que hacía canción protesta en los bares de Madrid pasó a ofrecer conciertos en el Luna de Park de Buenos Aires y en Las Ventas o el Palacio de Deportes de Madrid. 

Y ahora que han pasado quince años desde aquel alabado '19 Días y 500 Noches', qué mejor para celebrarlo todo que volver a los escenarios españoles sin su compadre el Nano para ofrecer cuatro conciertos, dos en Madrid y dos en Barcelona, por los que ya esperan, así grosso modo, más 50.000 personas. La disculpa es el aniversario. Lo que además se vea sobre el escenario, Sabina lo dirá.