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Nos encontramos con Nacho Vegas en un bar del barrio Universidad, en el centro de Madrid. Caña en mesa, viste traje de chaqueta negro y habla espaciadamente, como si de vez en cuando necesitara tiempo para estructurar la frase que va a decir a continuación. Es “muy majo”, tal y como nos habían advertido algunos colegas de profesión, y culto (por si alguien lo dudaba).

Nacho, 'Nachín', anda por Madrid para comentar con algunos medios, pocos, su nuevo trabajo. 'Resituación' se publicará el 8 de abril, pero algunas ya hemos tenido la suerte de catarlo. Y la primera impresión es que mucho nos tenemos que equivocar si 'Resituación' no da la nota esta primavera. Por el momento, se ha dado a conocer 'Actores poco memorables', canción que parece haber tenido una gran acogida y supone un buen adelanto, en lo que a letras se refiere, de lo que encontraremos en el resto del álbum. ¿Los ritmos? Sorpresa.

Así que charlar con Nacho Vegas sobre su nuevo disco es poco más o menos hacerlo también sobre actualidad, sobre su visión del mundo en el que vivimos (o nos ha tocado vivir, que esa es otra). Y cómo se verá a continuación, el de Gijón no tiene ningún inconveniente en responder ni a uno, ni a lo otro.

Por cierto, que 'Nachín' tiene ya previstos conciertos de presentación en Madrid (15 de mayo en Joy Eslava), Valencia (21 de mayo en La Rambleta) y Barcelona (22 de mayo en la sala Barts, dentro del Festival de la Guitarra).

En la última canción de 'Resituación', 'La vida manca', aparecen Miguel Bosé, Víctor y Ana ¿Cómo se colaron en tus letras?

No sé… Bueno, sí sé. Lo de Miguel Bosé no lo tengo muy claro, porque nunca lo he ubicado muy bien. Los tres tienen un poco que ver con este rollo progre que representa un tipo de España al que yo le tengo mucha manía. A pesar de que mis padres eran muy progres los dos y les gustaba mucho ese rollo, para mí es algo que representa un engaño ¡tan grande! Me refiero a toda esta España hedonista de los ochenta y de ruptura con el régimen para vendernos una moto, mientras por debajo, en Asturias en concreto, estaban reprimiendo un montón de movimientos obreros, destruyendo el tejido social y echando a gente de las fábricas con toda la reconversión industrial. Y mientras todo esto pasaba, estaba Miguel Bosé con su coleta y con su falda… Lo de Víctor Manuel es una traición todavía más grande. Pero a Miguel Bosé no le ubico muy bien. Le tengo mucho asco, pero no sé muy bien por qué. Y ahí se colaron.

El adelanto de álbum, 'Actores poco memorables', ¿puede interpretarse como la mayoría silenciosa de la que habla Rajoy?

Sí, podría ser.

¿Y esa referencia a ti mismo? Cantas 'ahí llega Nachín con otra lúgubre canción…'

No soy yo ése. Es otro Nachín (Sonríe). Es un personaje de ficción, basado en mí. Es autoparodia. No me gusta hacer una canción hablando de personajes y hablar de 'esa gente', como si yo no formara parte de ellos. En realidad, de lo que habla esa canción y en general el disco, es de que hay una especie de discurso hegemónico, bajo cuyo influjo caímos todos y todos nos lo creímos. Nos contaron una serie de cosas, que llegaron por todos los lados, desde todos los medios y por todos los frentes, y las acabas creyendo. Y cuando al final te das cuenta de que eso es una gran mentira, es demasiado tarde. O bien se visibiliza el problema y entonces de verdad hay una especie de explosión social. Yo viví mucho en ese especie de mantra de que todos somos clase media, todos tenemos nuestros pequeños problemas, nuestras pequeñas miserias, pero no existe ningún conflicto social. Cuando en realidad sí estaban existiendo y se estaba creando el caldo de cultivo de todo lo que está pasando ahora. Pues toda esa gente, son esos actores poco memorables. Pero yo también estoy en la canción porque yo también me creo un poco parte de eso.

En 'Ciudad Vampira', inspirada en 'Devil Town' de Daniel Johnston, te refieres a Gijón como la ciudad más triste del mundo ¿Por qué Gijón y no Oviedo?

Porque Gijón, a pesar de ser una ciudad mucho mejor que Oviedo en todos los sentidos, es una ciudad más triste, hay que reconocerlo.

No lo parece…

Lo digo desde el punto de vista de alguien que conoce mucho Gijón y, además, yo soy muy pro-Gijón. Oviedo siempre tuvo la cosa señorial; dentro de Asturias fue siempre de las ciudades menos deprimidas. En Gijón yo viví un poco, cuando era guaje, los conflictos de los astilleros. Y recuerdo en los noventa y en los 2000 como esos conflictos, que eran laborales, se convirtieron en conflictos urbanos y se trasladaron a la ciudad, y fueron reprimidos muy duramente por el sistema neoliberal. Recuerdo cuando era pequeño y tenía amigos en el Natahoyo, en la Calzada y en los barrios obreros, que me decían que ahí no entraba la policía porque los de los bares no les daban café y que las muyeres bajaban las potas para darles de comer a quienes ponían las barricadas. Y de eso se pasó, en muy pocos años, a que la gente lo viera como vándalos que queman cuatro neumáticos y acabaron siempre haciendo negociaciones. Fue un fracaso y una victoria del neoliberalismo.

Metidos en harina, ¿qué opinas de la Ley de Seguridad Ciudadana que se pretende aprobar antes de fin de año?

Esa ley es una reacción para criminalizar todas esas respuestas sociales que está habiendo.

¿Reaccionarán contra esa y otras leyes similares los actores poco memorables?

Yo creo que así. Ahora están cogiendo un poco de impulso los movimientos sociales. De tres años a esta parte, con las movilizaciones del 15-M, realmente se empezó coger conciencia de la lucha colectiva como la única forma de lucha. Lo de la ciudad triste de Gijón es porque la derrota esa de la que hablamos llevó a un derrotismo muy grande, también muy endémico asturiano, pero que en Gijón se notó más que en otras ciudades como Oviedo. Gijón todavía no levantó cabeza y a mí me gustaría que la levantara. Pero en otros sitios hay movimientos sociales que están triunfando mucho, como las CSOAS. En Asturias, por ejemplo, está el de La Madreña en Oviedo, que está haciendo cosas muy importantes, y en Gijón hay alguno, pero todavía no tienen el peso que deberían tener. En Madrid hay unos cuantos… Por lo menos, se ha articulado otra manera de lucha y hay conciencia de que la lucha colectiva es la única manera de luchar.

En lo que a Madrid respecta, la alcaldesa está intentando que se prohíban las manifestaciones en la plaza de Sol, ¿qué te parece?

Eso es una llamada, por lo menos, a la desobediencia civil. Vamos a ver qué pasa ahora, cuando se cumplan los tres años del 15 de mayo, que además, me estoy dando cuenta, es cuando presentamos aquí en Madrid el disco, en Joy Eslava. Creo que algo ocurrirá. No sé muy bien qué, porque soy muy malo para hacer pronósticos, pero algo.

¿Qué pasa con Fundación Robo? ¿Cómo está?

Tuvo un año y medio de vida, en el que intentamos poner en común a un montón de gente diferente, que todos aportaran canciones y reunirlas en un disco para visibilizar que en este mundo hiperindividualizado, que también afectaba a la escena artística y músical, podemos hacer algo de forma colectiva, tenemos intereses comunes y que el pop menos comercial no solo se nutre de canciones de amor romántico. Pero a mí me gustaría que fuera algo más, que gente muy diferente colaborara entre sí y eso es lo que estamos ahora pensando. Viendo si la gente se articula y se hace un concierto o un dvd o ya veremos.

Volviendo al disco, ¿cómo se consigue llegar a gente tan dispar (España en general, México, Argentina…) hablando de cosas tan locales, tan de Asturias?

Aunque las canciones estén llenas de guiños y de referencias que solo pilla un oyente que tenga mucho conocimiento, yo espero que las canciones trasciendan un poco de eso. Estoy harto de escuchar canciones de músicos americanos que seguramente estarán llenos de referencias que no pillo, pero que me llegan. Se supone que toda la música es folclórica y parte de un lugar determinado pero acaba proyectándose hacia algo más común, más universal. En este sentido, recuerdo que hace unos años tenía una amiga que trabajaba en la industria discográfica, en Sony. Me decía que La oreja de Van Gogh sacó una canción que quería titular 'La Playa de la Concha' y que en la reunión de marketing dijeron que les parecía muy localista, que tenía que llamarla solo 'La playa'. Luego fue un súper éxito… Quien lo dijo era el típico ejecutivo, un tipo súper imbécil y un cretino súpermachista y, además, ese tipo de argumentos se daban mucho en esa industria. Yo pensaba en discos clásicos, como el 'Nebraska' de Springsteen, y creo que si llega a ser por gente como esta no hubieran salido a la luz, porque eran discos muy localistas. Y es que a partir de lo local, la música tiene el poder de universalizar un montón de sentimientos, de ponerlos en común, y a lo mejor son cosas que parten de algo muy privado.

¿Tú has hecho siempre lo que te ha dado la gana, musicalmente hablando, o alguna vez te ha tocado pasar por algo parecido a lo que me estás contando?

No, porque esas son cosas de las multinacionales y de otro de tipo de mundo en el que yo no… Y ahora estoy autoeditándome.

En Marxophone. He leído… ¿qué es tu sello?

No exactamente. Es una plataforma de autoedición en la que yo me edito mis discos en colaboración con la oficina de I'm an artist en la que también hacen lo mismo con otros artistas, pero yo solo soy responsable de mis discos. Casa artista es responsable de sus discos y tiene como nexo común la gente de la oficina, que nos lleva la contratación. Lo del nombre es una idea mía, pero no es que yo sea responsable ni de los fichajes, ni nada.

La idea de formar parte de una multinacional, ¿nunca se te ha pasado por la cabeza?

No… Cuando saqué los primeros discos, a lo mejor sí que lo pensé, pero por suerte se me quitó enseguida. En cuanto supe un poco cómo funcionaba ese mundo. Y ahora desde luego no se lo recomendaría a nadie; es muy aberrante. Me di cuenta porque salí con una chica que trabajaba en ese mundo durante muchos años, primero en Sony y después en BMG, y era terrible. Trabajaba muchas horas, porque salía de casa a las ocho de la mañana y volvía a las diez de la noche. Trabajaba en el departamento internacional, así que si venía un grupo extranjero tenía que trabajar también los fines de semana… y cobraba un sueldo ridículo.

Pues desde fuera parece otra cosa.

Es que tiene que ver un poco con lo que te decía de hacernos creer clase media. Esta chica con la que salía vino de Gijón a Madrid a trabajar en la industria discográfica, a ser product manager de la sección internacional de Sony, y parecía un puesto muy guay. Iba a estar ahí con los artistas, llevarlos a restaurantes guays, iba invitada a los conciertos… Pero al final trabajaba once horas al día, como mínimo, en un ambiente muy opresivo y machista. Muchas veces venía llorando por las movidas que tenía con todos los hijos de puta con los que trabajaba (los jefes, vamos) y los fines de semana, si venía el artista, tenía que trabajar. Y todo para vivir en un estudio en el que el alquiler subía tres veces más de lo que te subía el sueldo al año. Pero parecía que eras clase media. Hacían que no te sintieras como clase trabajadora, ni nadie pensaba sindicarse, ni en protestas colectivas. Y luego, claro, cuando vino la crisis de la industria, echaron de sesenta en sesenta a toda esa gente.

Y fueron cerrando discográficas…

Fue cayendo toda la gente de abajo, la que cobraba menos.

Eres un poco la muestra de tampoco se necesita tener una multinacional detrás para conseguir éxito, para ser conocido y dar el salto a América Latina ¿Qué pasa allí? ¿Qué os dan? Hay quien dice que se debe al calor del público, más allá, claro, de ampliar mercado.

Lo cierto es que cuando se habla del calor del público, es verdad que allí la gente es mucho más apasionada. En general, creo que para cualquier manifestación cultural popular, tienen mucho arraigo y son muy apasionados con ello. Aquí, en España y en Europa en general, la gente es mucho más cínica. Por ejemplo, es muy frecuente aquí ir a conciertos y ver a la gente que parece que está yendo a un concierto como analizándolo todo…

Lo que viene siendo el postureo

Sí (sonríe). Pues este postureo no existe apenas en Latinoamérica, es una cosa muy de aquí. Es mucho más sano el ambiente allí y es muy agradecido. Y tienen una cosa, que allí la globalización llegó de otra manera distinta que aquí. En España y en Europa, todas las ciudades se van pareciendo cada vez más y eso es algo que todavía no pasa en Latinoamerica.

Parece un tema más de cultura, de identidad cultural. ¿Se defiende más la cultura propia allí?

Sí. Ellos tienen mucho más orgullo, por ejemplo, por lo que es la cultura popular de su país que nosotros. La generación mía, la indie, llegó o llegamos a apreciar nuestra cultura, pero casi dando un rodeo. Como teniendo que reivindicarla con un montón de argumentos un poco intelectuales, cuando en realidad lo más normal es que lo tuyo sea algo que te tire. Es tuyo y tienes casi una obligación moral de mirar para ello. Ellos eso lo tienen muy claro. Yo me acuerdo que cuando empezaba a hacer música, había gente en Asturias que a lo mejor oía hablar de.. no sé… de free jazz o de bossa nova y cosas así, y se reían de un grupo de folk asturiano. Pero eso ya pasó y se ha superado. En Andalucía, por ejemplo, ahora cualquier grupo de rock es consciente de lo importante que es el flamenco como elemento cultural.

Musicalmente, tú no le haces ascos a nada.

No. Hombre, hay cosas que te llegan más y otras menos.

Lo que pasa es que ahora ocurre casi lo contrario. Por ejemplo, el flamenco antes no molaba y ahora, que se cumplen 35 años de 'La Leyenda del Tiempo', todo el mundo lo celebra por todo lo alto y todo el mundo es flamenco. O se muere Paco de Lucía y todo el mundo es flamenco también.

Pero es mejor que pase eso que no lo contrario.

Da la impresión de que en este disco hay más influencias que en los discos anteriores, ¿es así?

Sí, puede que sea un disco mucho más heterogéneo que otros.

Me ha parecido que había distintas tonalidades, muchos colores más en este disco.

Sí. Hay alguna canción que tiene incluso un ritmo un poco tropical, que es una música que me gusta mucho escuchar pero nunca había incorporado en temas propios. Precisamente, la música popular, las músicas más tradicionales, creo que están más presentes en este disco. Escuche mucho el cancionero popular cuando estaba haciendo el disco y está presente en algunas canciones. Porque, en realidad, es un tipo de lenguaje musical que tiene una riqueza mayor de la que pensamos. Cuando pensamos en la música folclórica más tradicional, pensamos en algo muy básico y casi un poco casposo. Pero yo he descubierto, sobre todo en las grabaciones de campo que he escuchado a algunos musicólogos, que encuentras una diversidad de melodías y de ritmos muy variados. Al final, cuando haces canciones un poco al estilo del rock o del pop que escuchas, generalmente terminas cayendo en un ejercicio un poco de estilo y siendo mucho menos diverso musicalmente.

¿Cuánto te llevo hacer este disco? ¿Cuántas canciones se quedaron fuera?

Pues hay 11 y grabé 14, pero antes había dejado fuera como cinco o seis más.

¿En qué te basas para quedarte con unas y con otras no?

No sé… Yo es que tardo mucho en dar por terminada una canción; corrijo mucho. Entonces, antes de dar por terminada una canción, sé decir si merece la pena o no.

¿Antes de terminar de escribirlas?

Sí, las deshecho antes. Todas o casi todas las canciones que acabo grabando son canciones con las que estoy convencido. Algunas las guardo en un cajón; algunas sí que las tiro después de grabarlas, pero muy pocas (un par de ellas), y otras las dejo para otros discos, para EPs. Son canciones que las descarto porque no entran en el concepto de álbum, pero no porque no me gusten como canción.

Y en cuanto al compromiso social en el mundo de la música, ¿crees que sólo es cosa de unos pocos artistas? ¿Hace falta más de lo que hay?

Hombre, yo creo que una obligación del que hace música es tener un compromiso con lo que hace. Un compromiso con lo que significa lo que hace, con la sinceridad de lo que hace y con la proyección de lo que hace. Y eso es ya un compromiso político en sí mismo. Aunque en el caso de los músicos no hagamos canciones estrictamente políticas, sí me parece necesario ese compromiso. Y si percibo un artista que no lo tiene, no me interesa. Pero creo que la mayoría lo tienen, lo que pasa que no de una manera explícita. Igual sí es verdad que es cosa de unos pocos, pero es que venimos de una época en la que vivimos el engaño del que hablamos antes. Una de las cosas más diabólicas del rollo progre fue que, cuando se rompió con el franquismo para marcar precisamente un punto de inflexión con el régimen anterior, se pasó a una especie de rollo en que todo era puro hedonismo y todo estaba guay, y todo lo que decía Tierno Galván de “el que no esté colocado que se coloque”. Todo eso, al final, devino en una especie de falta de compromiso real.

Venimos de un mundo en el que el compromiso estaba visto como algo cutre; como algo que podía pasar en el País Vasco, donde lo había porque estaba ETA ahí. Pero en Madrid, ¿cómo ibas a hacerlo si salías y te ibas a la Movida, y todo estaba de puta madre? Así las cosas, cualquier tipo de compromiso político era visto como algo de otra época. Como los cantautores. Cuando yo empecé a presentarme en solitario, era cantautor. Pero como en el indie no se habla mucho de cantautores y estaba toda la broma esta de los cantautistas, los cansautores, y todos estos chistes tan graciosos, y además cualquier tipo de compromiso remitía a la canción de autor de los 70, no se podía entender que hubiera un compromiso político. ¡Cómo si no hiciera falta! Pues venimos de eso y por eso parece que es cosa de unos pocos. Yo creo que ahora se ha cambiado un poco de mentalidad. Incluso muchos grupos que antes no te imaginabas que pudieran hacer una canción de contenido social, la están haciendo ahora, con mayor o menor fortuna, pero sí que está sucediendo.