domingo, 9 agosto 2020 2:50

¿Hay una burbuja de libros sobre música en España?

Biografías autorizadas y no autorizadas de figuras del rock local como Leño o Extremoduro, ensayos cuasi científicos sobre la letra de una canción de Bob Dylan, análisis de lo que pasaba cuando se grabó aquel disco mítico… Aunque Frank Zappa dejase para la historia una sentencia demoledora (“escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”), el sector editorial español parece estar viviendo en los últimos tiempos una burbuja de títulos relacionados con la música popular.

En un contexto de caída de ventas generalizada, en los seis primeros meses de 2013 se han publicado en torno a un 20% menos de títulos que en el mismo periodo de 2012 según la Federación de Gremios de Editores, sorprende esta proliferación de literatura sobre música

¿HAY O NO UNA BURBUJA DE LIBROS MUSICALES?

“Llevo veinte años pendiente y noto que los lanzamientos de libros musicales están más animados que nunca. No solo en cantidad, sino en calidad. Ya no se reduce todo a esos libros 'para fans' que servían sobre todo para recortar las fotos y pegarlas en la carpeta”, explica Víctor Lenore, encargado de 'Cara B', una colección de la editorial Lengua de Trapo que revisa los entresijos de algunos discos clave del pop español y cuyos dos próximos lanzamientos versan sobre Alaska y los Pegamoides y Kortatu.

“Hay un interés creciente por libros especializados en música, ya sea popular, clásica o experimental”, reconoce Rubén Gutiérrez, responsable del área de Estudios de la Fundación Autor de la SGAE, quien sitúa como paradigma de este repunte la publicación en 2009 de 'El ruido eterno' de Alex Ross.

Coincide en ese título Álex Portero, de la librería Antonio Machado en Madrid. “Fue un libro con unas ventas espectaculares pese a tratar de algo aparentemente árido como la música clásica contemporánea, pero es divertido y está muy bien escrito”. Para Portero, “hay un interés mucho mayor ahora, aunque no sé qué fue primero, la demanda o la oferta”.

No es el resultado de estudios de mercado, es algo más casual. Son tendencias que están en el ambiente pero no algo coordinado. En el mundo anglosajón sí está muy extendido, aquí es algo más esporádico, menos organizado”, apunta Didac Aparicio, editor de Contra, que en noviembre publicará 'Nuestro grupo podría ser tu vida', el imprescindible ensayo de Michael Azerrad sobre la gestación del circuito musical independiente en Estados Unidos. 

¿QUÉ BUSCA QUIEN LEE SOBRE MÚSICA?

El catálogo de libros relacionados con la música incluye títulos de todo tipo: biografías, ensayos, recopilaciones de entrevistas,… En ellos se trata de averiguar las claves que hicieron de una canción un éxito tremendo pero también se rebusca en los detalles más escabrosos de cualquier estrella del negocio, entre otras temáticas.

“Lo que se pone de manifiesto es el vínculo entre quien escucha música y quiere un contacto mayor con el músico, en su faceta de artista y también como persona. Pero ese compromiso, la búsqueda de ese vínculo afectivo, es muy bajo: igual sólo una de cada veinte personas que va a un concierto siente esa necesidad“, calcula Gutiérrez.

Aparicio corrobora esa impresión y duda de que el consumo de libros esté sustituyendo al de discos. “No estoy seguro de que el gran público que escucha música sea un público lector. Escuchar música es una actividad mucho menos exigente, se puede hacer mientras se hacen otras cosas. No sé si hay una relación directa entre dejar de comprar discos y comprar libros, creo que los editores no hemos sido capaces de atraer a la gente hacia la compra de libros“.

Sin embargo, Portero rebate esa idea y sí aprecia una labor reseñable para captar a quien antes compraba discos y ahora ya no, o muchos menos. “El comprador de discos tiene un punto fetichista y estos libros también alimentan eso. Son ediciones bien hechas, con diseños cuidados, que incluyen traducciones de letras de canciones y otros detalles atractivos”.

“De todo este repunte de libros de música, me fastidia la tendencia a las biografías oficiales, donde más que un análisis se hace un masaje a los artistas de éxito. Ésa es la forma más barata y triste de enfocar las cosas. También me preocupa la desatención a los géneros más populares: cumbia, techno, reguetón, rumba, dancehall, incluso el hip-hop…Cuanto más “de abajo” es el género, menos importancia suelen darle los críticos y las editoriales“, analiza Lenore, que señala otras facetas mejorables: “Estaría bien prestar atención a la música de baile. Somos víctimas de cierta mentalidad que prescribe que si algo se puede bailar, no merece análisis. También me gustaría un mayor equilibrio de género, que haya más autoras y se escriba más sobre mujeres”.

¿SE VENDEN ESTOS LIBROS?

“Como libros de largo recorrido funcionan muy bien los títulos que no están tan apegados a la actualidad o a los grupos de tirón comercial del momento“, afirma Gutiérrez.

Aparicio precisa que “funcionan algunos libros en concreto, no un género. España siempre ha sido muy proclive a la música, no tanto a la literatura musical“.

“Hay títulos muy interesantes, que se salen de lo musical y vinculan la música a cuestiones históricas o identitarias, y que se venden bastante bien”, aprecia Portero, que recomienda 'Mistery train' de Greil Marcus, recién publicado por Contra, 'El ritmo perdido' de Santiago Auserón, 'Los trapos sucios', la biografía de Mötley Crüe, y 'Metal Extremo', de Salva Rubio.

Lenore aporta una visión crítica al asunto. “Me da pena que muchos libros se hagan pensando en los fans como una especie de público cautivo. Cuando digo fans no me refiero solo a One Direction o Justin Bieber, sino también a Bob Dylan o los Rolling Stones, que tienen cierto sector de adoradores igualmente acríticos, aunque bastante más mayores. Mi postura es que se puede hacer un buen libro sobre cualquier artista, incluido Justin Bieber, y que ya se han hecho demasiados textos mediocres sobre vacas sagradas del indie, el rock clásico o el folk-pop“. 

UNA INDUSTRIA A LA DERIVA

Este brote de libros sobre música se produce paradójicamente en un momento en el que el sector editorial, como antes el discográfico, atraviesa por una caída de ventas, cierre de tiendas y cambio de paradigma en el consumo que retrata un modo nuevo de acercarse a la lectura.

“Hace unos cinco años se produjo un 'boom' de pequeñas editoriales independientes muy vinculadas a la música pop pero ahora lo tienen mucho más difícil. El sector editorial es un mercado cada vez más de nichos pero en el formato digital, que es el que sube, es difícil encontrar estos títulos especializados“, sostiene Gutiérrez.

Lenore, por su parte, se atreve a pronosticar por dónde pasaría una posible salvación del sector. “Con la llegada del libro digital, supongo que se vivirá un proceso parecido al de los discos. Veremos si la industria editorial ha aprendido algo del hundimiento del sector discográfico. La pinza de la crisis y los portales de intercambio de libros va a ser una prueba dura para el sector. Hasta ahora no he encontrado a nadie que tenga clara la situación o que proponga salidas prácticas y sensatas. La única intuición que encuentro razonable es que el Estado debería implicarse más a la hora de la distribución de bienes culturales, tanto legislando como usando la red de centros educativos y culturales para arbitrar sistemas de difusión editorial que fueran justos con todos los agentes implicados”.

Artículos similares