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Hay verdades absolutas, y una de ellas es que los festivales molan más cuando no vas a trabajar. Otra es que Franz Ferdinand y Amaral, cada uno a su manera, dieron sendos conciertos impecables en la tercera edición del DCode, que se apagó hace unas horas. Y eso que uno de los platos más apetecibles y esperados del menú era Foals. Pero las comparaciones, además de odiosas, son inevitables y al final de la noche lo que queda es la sensación de dos grades bolos: Franz Ferdinand y Amaral.

Los escoceses, ya entrada la noche, pusieron bailar al personal como si no hubiera mañana. En un concierto enérgico e impecable, el cantante, Álex Kapranos, se metió al público en el bolsillo a base de esfuerzos para hablar en castellano. Luego, los presentes acabaron de rendirse ante un acertado repertorio en el que hubo temas nuevos (Franz Ferdinand venía a Madrid a presentar su cuarto trabajo, 'Right Thoughts, Right Words, Right Action') y hits que se han ganado por mérito propio su sitio en el grupo de temas para la posteridad: 'Take me out', 'The Dark of the Matinee', 'This Fire' y, por supuesto, 'Walk Away'.

La sumisión completa llegó, como la mayoría de las cosas buenas, al final: el cuarteto al completo se reunió entorno a la batería y demostró una sincronización tocando que dejó a más de uno con la boca abierta. Vale que no era sorpresa; que quienes hubieran visto ya al Archiduque en acción sabían que pasaría en un momento u otro. Pero, una vez más, impresionó. Sonó incluso mejor que la primera vez que lo vimos (hace ya algunos años). La experiencia, es lo que tiene. Y todo sin menosprecio del derroche de energía que hicieron los de Glasgow. Ayer fue estupendo. Hoy morimos.

Grande Eva, inmensa

En un cartel compuesto por Foals , Capital Cities, John Grant, Vampire Weekend y Franz Ferdinand, entre otros, hubo quien se preguntó por qué Amaral estaba en el DCode. Pues bien: la actuación del dúo de Zaragoza ayer en el paraninfo de la Ciudad Universitaria de Madrid sirvió para despejar dudas y callar bocas: el sonido, el mejor (ahí, ahí con Franz Ferdinand); las canciones, quien más y quien menos todos las sabemos, y Eva Amaral, grande. Inmensa.

Pocos artistas pueden presumir de un torbellino de voz como el de la pareja musical de Juan Aguirre y menos aún de saber manejarlo como ella. Eva Amaral, tan suave cuando habla, se transforma sobre el escenario y engancha y hasta puede llegar a doblegar a quien se preste a escucharla. Y eso, más o menos, fue lo que pasó ayer (amén de un repertorio ya popular por obra y gracia de la radiofórmula). El público bailó, cantó y alguno hasta 'se vino arriba'. Pero no vamos a dar nombres.

Por cierto, que el de ayer ha sido el único concierto de Amaral este año en España.

Vampire Weekend, Foals y Love of Lesbian, los otros platos fuertes de la noche

Amaral cedió el testigo a Franz Ferdinand y a Juan y Eva les habían dejado el terreno abonado Vampire Weekend. Su pop impregnado de ritmos africanos puso a la gente a bailar, pero no cumplieron todas las expectativas. Al menos, no las de todo el mundo (ejem).

Previamente habían tocado Foals, que arrancaron bien pero a medida que transcurría el recital, fueron perdiendo fuelle (y también público). Bien sin más. Un sonido un poco más limpio a lo mejor hubiera ayudado.

Antes que ellos, cuando todavía había luz, Love of Lesbian se convertían una vez más en uno de los grupos más aclamados de la escena ¿'indie'? patria. Los catalanes llegaron al gran público con su disco '1999' y se han consolidado con 'La noche eterna. Los días no vividos'. Y quien no se lo crea, que intente hacerse un hueco en alguno de sus conciertos…

Capital Cities y The Warrios cerraban la noche y también uno de los últimos festivales del verano. Pero ya no llegamos: o nos íbamos o no habría este texto. Nos fuimos

¿Conclusión? Bien por un cartel en el que era difícil no encontrar algo con lo que disfrutar, mal por un recinto que se quedó pequeño. Dos días antes de celebrarse, el DCode anunció 'sold out': 25.000 almas se darían cita en Ciudad Universitaria. Y vaya si se la dieron.

Las consecuencias fueron falta de cobertura (prácticamente no funcionaban los teléfonos), poco espacio para moverse y los baños… (sin comentarios).