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Izaguirre ha contado a Ana Rosa que, al paso de Irma, tuvo que refugiarse en casa de unos amigos y vio como el viento azotaba, sin contemplaciones, las palmaras del exterior de la vivienda.

Lo que más me impactó es que el agua era salada, no era lluvia, sino un muro de agua del mar que el viento arrastraba“, aseguró el escritor.

El Premio Planeta narró cómo la lluvia le “aplastaba” contra la casa y cómo dejó la ciudad convertida en “una especie de gran lago de agua salada y marrón“.

No tienes idea de lo que era. Era como si la lluvia se convirtiera en un muro absolutamente impenetrable…Te hacía pensar en el poder de la naturaleza“, concluía el escritor.