Compartir

El día de su despedida en su amado teatro madrileña de La Latina, en el escenario solo estaba la corona sin palabras de Daniel Pontes, la persona quizá más cercana a Lina Morgan desde hace más de 30 años. Él fue, precisamente quien junto al padre Ángel y Jesús Cimarro, actual propietario de La Latina, velaron su féretro.

No había allí ningún familiar. La actriz había expresado su deseo de que sus sobrinos no acudieran a la capilla ardiente. Tampoco se acercaron demasiados amigos. Muchos de sus íntimos hace tiempo que fallecieron, como Amparo Rivelles. “No quería ver a nadie y solo mandaba algún mensaje”, explicaba Concha Velasco, una de las pocas caras conocidas que se acercó al Teatro de La Latina.

Y es que Lina Morgan creía que no tenía familia pese a que sus hermanos mayores, habían tenido descendencia. Nadie entre sus sobrinos recibirá ni un duro de la cómica. Y es que por ley, ni siquiera les corresponde la legítima, que sólo se contempla para ascendientes y descendientes directos. Así pues, si no hubiera hecho testamento, gran parte de la fortuna de la actriz pasaría a manos del Estado. 

SU CHÓFER, AU AMIGO…. SU TUTOR LEGAL

El asunto de si existen última voluntades sólo lo sabe, si lo sabe alguien, la misma persona que puso en el teatro de La Latina una corona en honor a la difunta actriz, Daniel Pontes, su amigo, su chófer, su confidente. A él le declaró su tutor legal durante la enfermedad. Muchos le acusaron de haberla secuestrado. No lo parece.

¿Y si los Pontes son los destinatarios de una fortuna que se estima en torno a los 10 millones de euros, solo en 'líquido'? Entonces las sospechas se dispararán. Hacía sólo un lustro que la actriz había cobrado siete millones por la venta del Teatro de La Latina. A lo que hay que sumar algunas cuantiosas propiedades. Un piso en Madrid, una imponente colección de joyas. Y algunas propiedades en la costa.

Así pues, sólo Pontes parece tener en sus manos las últimas voluntades de la actriz.