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Asegura que necesita a alguien que le ate en corto y que entre los bailarines hay tanta competitividad como tenían las antiguas folclóricas. Está ahora hasta el 29 de agosto, con la obra “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca, dentro del ciclo Lorca y Granada en los Jardines del Generalife. Ahí queda eso.

¿Es más fácil ser bailarín o ser empresario de una compañía?

Lo ideal sería no tener que hacer las dos cosas, pero tengo a Adrián Gallo que me cuida y que está pendiente de todo.

Rafael, bailas la mar de bien, pero, ¿qué tal cantas?

(Risas) Canto con mucho corazón, pero peor que bailo, la verdad.

Te gusta amadrinar a nuestros talentos, ¿cómo los identificas?

Claro que sí, me encanta hacerlo. Me gusta la gente que tiene talento y ver en ellos la rabia y la fuerza que yo tenía cuando quería comenzar en el mundo del arte. El tesón que veo en ellos es lo que a mí me mata de amor.

Cuándo empieza a sonar la música, ¿qué es lo que te salta por dentro?

Depende del estado de ánimo que tenga en ese momento. Si tengo rabia me pongo más rabioso, si estoy contento me pongo más contento y si estoy dramático me pongo aún más. Depende de cómo esté en ese momento así se me afina el sentimiento.

¿Qué es lo que no eres capaz de bailar?

No sería capaz de bailar el discurso de un político que no me gustara su defensa.

¿Y cómo ves tú el ritmo político ahora?

La verdad es un tema del que no me gusta hablar porque creo que la Cultura y su gestión no tienen nada que ver con la política. La Cultura está por encima de muchas cosas, es el alma de un pueblo.

¿A quién te gustaría ver entre el público que aún no ha ido a verte?

Al Dalái Lama o al Papa Francisco.

¿Cuándo miente Rafael amargo, si es que miente alguna vez?

Tengo un tatuaje puesto que dice: “La verdad libera” y es cierto. Puedo ser un poquito “Antoñita la Fantástica”, pero embustero yo no soy.

Fantástica como cuando te decían que el documental de Chavela Vargas era mentira, ¿no?

Sí, me decían que no podía ser y al final lo acabé. Yo digo las cosas como son y se acabó.

¿Qué se sentía al lado de “La Chamana”?

Sentía la suerte poder estar a su lado, he aprendido mucho con ella. Hasta estando en silencio con Chavela se aprendía.

¿Los bailarines sois tan competitivos como se decía de las folclóricas?

Ay, ay, ay… Pues yo creo que sí, dicen que no, pero sí. Además, está bien tener esa competencia.

“Poeta en Nueva York”, ¿la próxima será “La Casa de Bernarda Alba”?

Pues mira, preferiría hacer la obra “El Público”. La que tú planteas la haría también encantado porque me parece maravillosa.

Lorca en NY descubrió un capitalismo que rechazó, ¿cómo te llevas tú con el capitalismo actual?

La verdad es que soy poco materialista, soy muchísimo más experimental y espiritual.

¿Cuál ha sido tu trago más amargo sobre un escenario?

Pues mira, todas las noches porque el “amargo” es algo de lo que no me puedo librar. Va conmigo siempre, desde que me lo pusieron no me lo he quitado.

En Interviú dijiste que eres “emocionalmente promiscuo”, ¿eso quiere decir que eres un infiel indomable?

No, eso no, sino que soy una persona que necesita a alguien que me ate en corto y que me quieran de una manera más sólida. Me gusta la gente que tiene fuerza para querer, tengo que sentir que pertenezco a alguien.

Hay quien dice que si no duele es que no se ama, ¿tú eres de esos?

Totalmente, si no duele no sirve para nada.

De las noticias que damos los medios, ¿cuáles son las que no te interesan nada?

Las veo todas, pero me aburren las repetitivas, las que dan vueltas y vueltas como por ejemplo el tema de Isabel Pantoja. Creo que cuando se da tanta bola a esto, es para tapar otras cosas más importantes.

Pero lo de Pantoja ahora mismo solamente se trata en programas del corazón, ¿no? Yo es que esos canales los hago off y punto.

Pues mira que lista y que “apañá” eres, haces bien.

¿Alguna vez te has visto sin un duro en los bolsillos?

Claro que sí, he tenido épocas duras.

¿Quién te ha cantado como nadie para que tú hayas bailado como nadie?

Me gusta mucho como me cantan las cantaoras que llevo conmigo, Maite Maya y Carmina Cortés. Son divinas las dos.