viernes, 18 septiembre 2020 20:03

Un bocadillo gigante que remediaría el hambre de Carpanta

Con este macro-sándwich, de raxo, zorza, jamón asado, calamares o tortilla, materia prima -a elegir- acompañada siempre de queso, beicon, huevo, lechuga, tomate y cebolla, se remediaría el apetito de Carpanta, el entrañable vagabundo dibujado por José Escobar.

Quizás, al probarlo -12 euros cuesta la hazaña-, este profesional del hambre se asemejaría más al pacífico y panzudo Gordito Relleno, un hombrecillo soltero, carente de oficio fijo y víctima de continuos timos, creado por José Peñarroya.

Ricardo, Andrés y Marcos son los tres atrevidos del día. Desde su mesa esperan la pieza, de 70×40 centímetros. Una panadería local es la encargada de elaborar la masa. Distribuye una media de 7 hogazas los fines de semana y 4 en días laborales.

Hasta lograr el acabado perfecto han sido necesarias varias pruebas.

“No era fácil”, dice a Efe Manuel Tourís, el joven empresario de 26 años que, junto a su mujer “en la vida y en el negocio”, Cristina Leiro, con 30 recién estrenados, impulsa “esta empresa”, la del “bocata 4XXL”.

El número no es baladí, representa una equivalencia: cuatro barras.

Norberto, vecino de una localidad cercana, Catoira, encabeza en un mural del Novo Batel la afamada lista de los “reventados”. Son poco más de una decena sus integrantes hasta la fecha.

En la cabeza de este cliente brotó la idea de oficializar esta prueba, atreverse a engullir tal manjar uno solo.

Si lo lograba, encabezaría el Salón de la Fama y su fotografía quedaría para siempre en este establecimiento.

Dos carteles penden actualmente de la pared: reventados, 13; famosos, ninguno.

Norberto fue el que más se acercó. Lo intentó en dos ocasiones. En una de ellas, apenas le quedaba una porción, pero le resultó imposible.

Ricardo, Andrés y Marcos lo intentan entre los tres, sabiendo que así no hay premio, pero también fallan.

El 4XXL existe desde hace dos años, cuando Manuel y Cristina se hicieron cargo de la cafetería, pero estaba pensado para compartir. De hecho, el desafío solo tiene cuatro meses de vida, aunque resulta un éxito.

Pregunta obligada: “¿Los propietarios lo han intentado?”. Sí, entre varios. Y, de nuevo, fracaso. Ahora quiere probar la panadería.

Si alguna vez hay un triunfador, se lleva una camiseta, la instantánea, el puesto en el Salón de la Fama y por lo que haya zampado no abonará un solo euro.

“Habrá una gran fiesta el día que esto ocurra”, comentan a Efe Manuel y Cristina, que, con una sonrisa, concretan que las personas cuando se acercan a su local para comer “siempre se quedan muy sorprendidas, porque aquí nos piden un bocadillo, y nuestro tamaño normal es de una barra. Y el medio, pues media barra, para no confundir, ja, ja, ja”.

El nombre de este bar, Novo Batel, honra a la más pequeña de las embarcaciones de pesca, compuesta generalmente por cuatro remeros y un patrón, la misma dotación que suele sentarse al frente del 4XXL.

“Hay que reconocer -subraya Manuel- que este bocadillo, cuando más se pide, es para compartir, y entre cuatro o más. Pero hay una esperanza sin garantías y alguien puede alcanzar el reto, ¿no?”.

Ana Martínez