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«Me gustaría que me vieran como una mujer con clase»

Si hay algo que provoca inmediatamente la envidia de cualquier mujer es una piel inmaculada: no hay cosmético que logre convertir una dermis del montón en un dechado de luz. La de Diane Kruger es insultantemente perfecta, casi escandalosa de tan límpida. Si es cierto que es otro espejo del alma, Kruger debe de ser prácticamente santa. Súmenle una rara elegancia de movimientos, su estimable cultura (habla inglés, francés y alemán) y una de las carreras más inteligentes de las que se tienen noticia en el último cine. Cuando te dispones a odiarla, te resulta imposible: su naturalidad y sencillez desarman.

Divertida en su círculo íntimo pero algo tímida frente a extraños, esta modelo mutada en actriz presume de ser la única mujer del mundo que se atreve a presentarse ante Karl Lagerfeld en chándal. Cosa inevitable si es tu vecino de al lado (en Los Ángeles) y no te pones otra cosa para ir a comprar los ?croissants? por la mañana. (Más información en MujerHoy.com)

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