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Jordi Cruz (Manresa, 1978) deja por unos minutos su trabajo entre los fogones de los tres restaurantes que dirige en Barcelona, Abac, Angle y Ten's, para explicar a Efe que su experiencia como jurado en “Masterchef” ha sido del todo satisfactoria, pues, a través de la televisión, “en lugar de cocinar para 50 personas como cada noche”, lo hizo “para seis millones de personas”.

En este sentido, muestra su “satisfacción personal por el hecho de divulgar cocina, de animar a la gente a que cocine y que conozca toda la amplitud de la gastronomía de este país”, por lo que estima que ha sido “una aportación limpia, positiva y de la que se puede estar orgulloso”.

Niega haber sido el jurado más duro con los concursantes del programa, aunque admite que puede haberlo parecido por su tono de voz o por su semblante y porque se toma muy en serio su oficio. Hasta el punto de que, al enjuiciarlos, lo hacía como si realmente estuvieran en su cocina del Abac, un dos estrellas Michelin, y no en un plató de televisión.

Pese a todo, dice no ser serio, sino “disciplinado”. Con los concursantes actuaba como con sus cocineros, a quienes felicita cuando hacen las cosas bien, pero también “pone en su sitio” si hacen mal lo que les ha enseñado, porque “costaba lo mismo hacerlo bien”.

Jordi Cruz reconoce que con la televisión “es fácil que el éxito, que esta fama un poco efímera que logras, te haga pensar que eres alguien que no eres”, por lo que “es fácil que te vuelvas loco”.

Cruz sabe de este riesgo y tiene claro que, “aunque haga otros 10 'Masterchefs', ni dejaré de ser cocinero, ni me voy a trastornar, ni mi camino en la cocina se va a desviar un ápice”.

Respecto a los concursantes, cree que en los tres meses que ha durado el programa “se puede evaluar si tienes actitud, si tienes lo que hace falta para ser un buen cocinero y se te puede poner en el principio de un camino con las herramientas necesarias para ser un buen chef”, como ha sido el caso del ganador, Juan Manuel Sánchez.

Jordi Cruz considera que un buen cocinero “tiene que saber de la A a la Z de la cocina” y hacer un buen trabajo con cualquier producto “que tenga a su alcance o idea que pueda ser interesante”.

No se decanta ni por la cocina tradicional ni por la de vanguardia, porque “ambas pueden ir de la mano, una nace de la otra y la otra se enriquece de la primera y es evolución de ella”, y así en el Abac “se percibe tradición y memoria, pero también hay muchísima técnica y mucho I + D”.

Al final, comenta Cruz, “hay dos tipos de cocina, la buena y la mala, en cualquier ámbito de la gastronomía, en cualquier tipo de restauración, y yo me quedo con la buena cocina”.

Respecto a su trayectoria, dice haber cubierto las expectativas personales cuando en 2004 recibió la primera estrella Michelin a los 26 años y las demás, hasta cuatro, han sido “un premio, un regalo que es fruto ya no solo mío, sino de los equipos que han colaborado conmigo y de meterle todas las horas del día, todos los días del año”.

Señala Cruz en tono irónico que, cuando un chef sólo piensa en conservar las estrellas Michelin, “más que convertirse en una obsesión, te puede enloquecer”,

“El cocinero que se vuelve loco, al que las estrellas le generan presión, tiene un problema de no saberse gestionar a sí mismo”, explica Cruz, que añade: “Si tú sabes autogestionarte, si eres una persona sensata, no te tienes que volver loco”.

Por ello, comenta, “nosotros lo vemos con mucha normalidad, como un premio por el trabajo bien hecho y como una responsabilidad de cara a la gente que nos visita, y a raíz de esa filosofía, cocinamos para todo el mundo como si se tratase de un inspector de la Michelin”.

Se guarda para sí las muchas anécdotas que ha vivido durante estos años, aunque diferencia entre “la sorpresa” que le puede producir que el magnate Bill Gates reserve todo el restaurante y se tome sólo una Coca Cola, y que un estudiante de gastronomía ahorre tres meses para ir a comer a su casa con la máxima ilusión, lo cual le “maravilla”.

Con un horario diario “de nueve de la mañana a dos de la madrugada” y sin tiempo para las vacaciones, Cruz no ve el momento de dejar los fogones y asegura: “El día que me vaya al hoyo, seguramente pocas horas antes habré estado vestido de blanco”.

Hèctor Mariñosa.