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Contraerá matrimonio pasada la treintena, según le auguran adivinos chinos; será coronado en 2044 a más tardar, le predicen de la India; deberá vivir cerca de los árboles, alejado del agua, para evitar caer en la tentación de la carne y guardar fidelidad a su esposa, le advierten desde el lejano Oriente; tendrá un vínculo inquebrantable con sus padres y abuelo, avanza la que fue astróloga privada de la princesa Diana. Y de ella, precisamente, heredará la humanidad y candidez que lo hará irresistible, pronostica el hispanoargentino Octavio Aceves. Y va más allá: ?Combinará las dotes de mando y la perspicacia de su bisabuela, la reina Isabel II?.

Es lo que tiene nacer en palacio, que en las primeras horas de vida tu futuro ya está escrito. Los libros de Historia ya se encargarán de recoger su pasado. Jorge Alejandro Luis, nacido el pasado 22 de julio, es el baby royal con mayúsculas. Su nacimiento fue el más mediático que se recuerda. Es el tercero en la línea a la sucesión del trono británico. Tiene tratamiento de Alteza Real y su título, príncipe de Cambridge.

¿Y qué sería del primogénito de Guillermo y Catalina si el caprichoso destino se empeña en que corra la misma suerte del último príncipe de Cambridge o, peor aún, del anterior bebé que al nacer ocupó la tercera línea de sucesión, por detrás de su abuelo y su padre, a la corona británica, que ostentaba precisamente una mujer?

Pues bien, la suerte que corrió el anterior príncipe de Cambridge no la quisiera ningún padre para su hijo. Era el nieto del rey Jorge III. Su padre, el décimo hijo del monarca británico y segundo duque de Cambridge. Su nombre de pila, también Jorge. Nació en 1819, hizo carrera militar y llegó a convertirse en el Comandante General en Jefe del Ejército Británico. Permaneció 39 años al frente de las tropas. En ese tiempo, mostró gran interés por el bienestar de los soldados y por la reforma del ejército. Si bien en esta parcela de su vida tuvo éxito y reconocimiento, no así en la sentimental. Se le atribuye una frase lapidaria: ?Los matrimonios arreglados están condenados al fracaso?. Pero se casó. No con quien hubieran deseado sus padres, sino con a quien a él le dio la gana: con una actriz, hija de un funcionario. Todo un escándalo en la época, es de suponer, hasta el punto de que ella jamás fue titulada duquesa. Tuvieron tres hijos, dos de ellos previos al matrimonio. No fueron considerados ilegítimos, pero poco faltó. De hecho, sus títulos nobiliarios pasaron de nuevo a manos de la Casa Real tras su muerte. En 2011, la reina Isabel II recuperó para su nieto Guillermo el ducado de Cambrigde con motivo de su boda con Catalina. Y ahora, con el nacimiento de su biznieto, también se repesca el título de príncipe de Cambridge.

La historia del anterior bebé que pudo fotografiarse con una reina, un príncipe heredero y el heredero del heredero es bastante más conocida. La reina de entonces era Victoria, que poco podía imaginarse que aquel niño que aseguraba la continuidad de la dinastía iba a hacer temblar los cimientos de Buchkingham. Claro, que tampoco es menos cierto que si Eduardo VIII no hubiera abdicado, los designios de Jorge Alejandro Luis hubieran sido bien distintos. Y los de su abuela, la hoy reina Isabel. Porque sí, a la reina Victoria la sucedió Eduardo VII, más tarde accedió al trono Jorge V y, tras él, Eduardo VIII, que tuvo un reinado que fue visto y no visto, de 325 días. El motivo, su boda con la dos veces divorciada Wallis Simpson, con quien contrajo matrimonio dos meses antes de ser proclamado rey. Este hecho generó una gran crisis a la que se puso fin con la abdicación del monarca. A Eduardo VIII le sucedió su hermano menor, Jorge VI, padre de la actual monarca.

Visto lo visto, no estaría de más que el baby royal viviera cerca de los árboles, alejado del agua, como le recomiendan los adivinos chinos, para no verse envuelto en líos de faldas que le cuesten títulos y trono.