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Bélgica se prepara para la despedida del rey Alberto II y para dar la bienvenida a su sucesor, su primogénito Felipe, en medio de fuertes medidas de seguridad en el corazón de Bruselas y de un festival de banderas, flores y adornos cuya colocación se ultima en las calles de la ciudad.

Numerosos balcones y ventanas de la capital amanecieron ya este sábado adornados con banderas tricolores (negro, amarillo y rojo) como muestra de apoyo ciudadano a la monarquía y a la unidad de la nación. La abdicación del monarca en su hijo Felipe, que se convertirá en el séptimo rey de los belgas, coincide además con el tributo a los veinte años de reinado de Alberto II y la celebración del día de la fiesta nacional en Bélgica, que cada año se conmemora con un multitudinario desfile de las fuerzas de seguridad del Estado.

De forma espontánea los comercios de la ciudad se suman al homenaje monárquico y ofrecen sus productos en envoltorios que hacen alusión a la investidura del nuevo rey o muestran los colores nacionales. Pero no sólo la capital participa del ambiente festivo ante el relevo en el trono.

En Namur, en el sur del país, el joven restaurador Benjamin Philippe ha creado patatas fritas -el sencillo plato orgullo de la cocina belga- tricolores a semejanza de la enseña nacional, mientras que en la vecina localidad de Dinant se ha instalado una bandera gigante de 144 metros en el viaducto.

Por su parte, el diseñador belga Jean Pierre Lutgen, creador de los relojes “Ice Watch”, también los está comercializando en los tres colores nacionales: negro, amarillo y rojo.

Ni corona ni símbolos

Las tiendas de recuerdos no tienen en cambio tanto éxito con la venta de objetos dedicados a la familia real, según el diario “La Libre Belgique”, ya que sus propietarios aseguran que los turistas prefieren otro tipo de recuerdos que representen más los lugares que han visitado en vez de a los miembros de la realeza belga, poco conocidos en el exterior, matizan. Las previsiones auguran un fuerte respaldo popular en las celebraciones, no sólo por su significado histórico sino también porque el tiempo acompañará.

El servicio de meteorología anuncia temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados que, combinadas con el alto índice de humedad, crearán un ambiente “tropical” sobre el que las autoridades advierten a los ciudadanos que deseen sumarse a la celebración al aire libre. Todo ello esperando además que el nacimiento previsto para estos días del primogénito de los duques de Cambridge no empañe la actualidad de la realeza belga este fin de semana. El punto neurálgico de las celebraciones serán las inmediaciones del Palacio Real, el Parlamento federal y la catedral de San Miguel y Santa Gúdula, en pleno centro de la ciudad y a pocos metros de la conocida Grand Place.

Por las calles aledañas desfilarán 1.300 militares y policías con la participación de la fuerza europea Eurocorps bajo el mando del comandante belga Guy Berschen, y de la Escolta real a caballo, que celebra 75 años de existencia y que acompañará al soberano hasta la tribuna real antes de desfilar con traje de gala frente a él por primera vez.

El hemiciclo del Parlamento, que se convertirá en sala del trono, lucirá arreglos florales con los colores de la bandera nacional. El príncipe Felipe podría llevar en la ceremonia uniforme militar, mientras que se espera que la princesa Matilde vista de corto, probablemente un diseño del belga Edouard Vermeulen, de la casa Natan -quien le confeccionó también su traje de novia-, y que porte una pamela de la sombrerera Fabienne Delvigne.

En la ceremonia civil de investidura no habrá corona ni símbolos como la capa de armiño que lució en su entronización el 30 de abril el nuevo rey de Holanda, Guillermo-Alejandro. Tras la toma de posesión del trono, está previsto que el lunes el primer ministro belga, el socialista Elio Di Rupo, presente su dimisión al nuevo monarca, quien la rechazará, como manda la tradición constitucional del país teniendo en cuenta que el rey es quien nombra a los ministros, según recordó el titular de Exteriores, Didier Reynders.

Expertos como el especialista en comunicación no verbal Christian Langerôme destacó a la cadena RTL que el próximo monarca, “poco carismático”, contará con el apoyo “empático” de su esposa Matilde, muy popular entre los belgas. Además, tímido por naturaleza, deberá trabajar en sus habilidades de comunicación y su cierta “falta de naturalidad”. La histórica abdicación de Alberto II e investidura de Felipe será retransmitida en directo por todas las cadenas de televisión y radio en Bélgica.