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Jemima Goldsmith tenía 20 años cuando se fotografió con un peculiar atuendo nupcial ?pamela y traje de chaqueta hasta los pies?, nerviosa y sonriente, junto a su reciente marido, el jugador de criket y hombre de negocios pakistaní Imran Khan. Jemima, con su larga melena y sus modales lánguidos, dejó atónitos a amigos y familiares. ¿Qué hacía una 'socialite' de la más refinada aristocracia inglesa convirtiéndose al Islam e instalándose en una casa modesta, a las afueras de Lahore? Excéntrica, malcriada, caprichosa fueron algunos de los epítetos que le dedicaron los tabloides. Pero si alguien posee una apariencia poco adecuada a los impulsos de su inteligencia y su coraje, esa es Jemima. Su matrimonio duró 10 años, pero su apuesta iba en serio: fundó varias ONG para la educación de las mujeres y por la libertad de expresión en Pakistán; tuvo dos hijos a los que educó en el Islam y sostuvo la carrera de su marido cuando decidió meterse en política.

De regreso a Londres, no ha cambiado su estilo lánguido y su larga melena, ni ha prescindido de los mejores clubs de Chelsea, aunque los frecuenta menos. Pero su vida y su discurso siguen sin ser los que se esperan de una dama de la alta sociedad. Inició una carrera como columnista en los más prestigiosos periódicos británicos, algunos de ellos conocidos por su izquierdismo, junto a defensores de los derechos humanos como el actor Tim Robbins o el polémico Julian Assange, impulsor de Wikileaks, del que se convirtió en ferviente defensora, aunque finalmente le ha retirado su apoyo. (Más información en MujerHoy.com)