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Su guardería fue la bohemia parisina. Con solo nueve años, Julie Delpy iba al cine para ver películas de Ingmar Bergman, visitaba exposiciones de Francis Bacon, pasaba más tiempo en las filmotecas que en los parques y, a la hora de la cena, en su casa solo se hablaba de teatro, política o lucha feminista. Sus padres, Albert Delpy y Marie Pillet, eran dos actores habituales de la escena teatral ?avant-garde? parisina y aunque vivían con lo justo ?no tuvieron baño en casa hasta que Julie cumplió ocho años?, se encargaron de enseñarle a su única hija a pensar, escribir y vivir haciendo de la libertad su forma de vida. Siendo adolescente, le mortificaba que su padre se transformara en el escenario o que se pusiera a bailar en mitad de la calle sin previo aviso.

Pero, a pesar de ello, Delpy fue moldeando el mismo espíritu libre, apasionado e inconformista que siempre había visto en casa. Puede que esa fuera la razón de que no encajara en el colegio ni supiera lidiar con la autoridad de sus profesores. En Hollywood le pasó lo mismo. Siempre se ha sentido fuera de lugar y nunca ha querido seguir las reglas del juego. Quizá por eso, parece una broma que Delpy, una actriz poco comercial por convicción propia, acabe de estrenar la tercera parte de una trilogía cinematográfica. (Más información)