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En el Patio del Convento de Santo Domingo descansaba un arco. Lo hacía desde mediados del siglo XVIII, hasta que en 2003 el paso del tiempo acabó por ganarle la batalla. Hasta casi tres siglos resistió el arco chato de diez metros de alto y quince de largo sin refuerzos de hierro, sólo su pesada estructura. Dicen que aguantó por el suelo panameño, tan estable y confiable que entusiasmó a los todop…