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Médicos de 26 países crean una asociación para impulsar la reducción de daño en las normas de salud pública del tabaco

Médicos de al menos 26 países han decidido crear una asociación para impulsar las políticas de reducción de daño del tabaco en las normativas de salud pública internacionales, según han explicado este viernes los promotores de la iniciativa al cierre del tercer congreso científico ‘No smoke summit’, celebrado en Grecia.

Con ello, aspiran a que los conocidos como productos de reducción de daño –cigarrillos electrónicos, tabaco calentado o productos orales con nicotina– sean reconocidos como menos dañinos que el cigarrillo convencional por las diferentes legislaciones nacionales de salud pública, tal y como hacen países como Reino Unido o Suecia.

El germen de su creación es una manifiesto dado a conocer este viernes por el cardiólogo Ignatios Ikonomidis, quien defendió que la “nicotina ha sido usada en el control del tabaco y en la cesación, con lo que puede usarse en el campo de la reducción de daño”.

Así, incidió en que dejar de fumar y la prevención del tabaquismo siguen siendo “la forma más eficiente y económica” de evitar los daños producidos por el tabaquismo, pero agregó que los productos de reducción de daño al menos “limitan” esos daños.

Bajo el nombre de Smoking Control & Harm Reduction Association, el grupo de médicos aboga por “establecer un diálogo con las autoridades nacionales y europeas” para que se reconozcan los datos científicos que apuntan a que el principal problema del tabaco no es la nicotina sino la combustión y el humo que ésta genera.

FERNÁNDEZ BUENO CREE QUE LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA DEL TABACO FALLA

Durante la jornada participó en el debate el cirujano oncológico en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid y portavoz de la Plataforma para la reducción del daño por tabaquismo, Fernando Fernández Bueno, que mantuvo que “la legislación española de control del tabaco convencional no funciona” porque no consigue que la gente deje de fumar.

Para ello, defendió la inclusión del concepto de reducción de daño en la normativa como si fuera un “tercera vía”. Consideró que hay “políticos que no quieren ver las evidencias” y defendió la necesidad de seguir generando información científica sobre la diferencia de toxicidad entre los nuevos productos como el tabaco calentado o los cigarrillos electrónicos en comparación con el convencional de combustión.

El doctor Enrique Ríos Espinosa en un momento previo calificó de “imperativo” que se ofrezca información suficiente sobre las “alternativas” al tabaco convencional y reconoció que las autoridades mexicanas las consideran “igual de peligroso”. “Están demonizando todo lo que lleve nicotina aún cuando sea menos dañino que el cigarrillo convencional”, lamentó.

“EL PROBLEMA, LA COMBUSTIÓN”

Para el físico e investigador de la universidad griega de Patras, Konstantinos Farsalinos, “el problema es la combustión” y no la nicotina. “La nicotina es compatible socialmente si no te mata, igual que la cafeína”, sostuvo.

Para Farsalinos, los opositores a las políticas de reducción de daño en el tabaco se limitan a decir que las alternativas “no son seguras obviando un principio básico de la salud pública: la evaluación de riesgos”.

“Estos productos no son el milagro, pero son una alternativa menos dañina que el cigarrillo convencional”, continuó, para defender que “no se trata de sustituir ningún otro método dirigido a dejar de fumar sino a aportar más opciones”.

Además, dijo que en su opinión la Organización Mundial de la Salud (OMS) “ha fallado miserablemente en dotar de información balanceada de lo que sabemos hasta hoy para hacer una decisión informada” en esta materia.

El profesor de física médica Panagiotis Bamidis abogó por “comparar los productos y sus daños” para evitar poner “en la misma cesta” todas las opciones.

El médico Stanimir Hasardzhiev, que se declaró ex fumador, remarcó que la adicción a la nicotina y que como adicción debe ser considerada una enfermedad, “por lo que los afectados necesitan apoyo”. Así, sostuvo que los productos de reducción de daño van a llegar al gran público y que “solo es cuestión de tiempo”.

MÁS INFORMACIÓN

Y es que, consideró, debería “ser una política de salud pública” solo teniendo en cuenta una cosa: “los datos”. “Muchos fumadores no van a ir al médico pero por esos es importante que tengan información correcta y esa información va a ser más creíble si viene de los Estados“, defendió.

Tampoco faltaron las salvaguardas de algunos expertos, como la de la superintendente de salud pública del Ministerio de Salud de Malta, Charmaine Gauci, quien puso encima de la mesa algunos de los riesgos relacionados con estos productos, como que puedan propiciar una adicción mayor a la nicotina.

Algo que, detalló, se debe a la percepción de sus consumidores de que es más seguro. “Comienzan a usarlo, consumen más nicotina y a veces vuelven al cigarrillo convencional y fuman más que antes”, indicó.

Otro riesgo como el de ser un producto “glamuroso“, que pueda llamar la atención de jóvenes. “Hay que estar al tanto de estos factores”, explicó.

EL CASO NORUEGO

El doctor Karl Lund, investigador principal del Instituto Noruego de Salud Pública, explicó como en su país el uso del snus (tabaco masticado) ha producido un “descenso del consumo de nicotina y de fumadores”.

También detalló que el anus en los jóvenes (de entre 16 y 30 años) es más usado que el cigarrillo convencional, tanto en hombres como en mujeres.

En esa dirección se mostró el especialista Karl Fagerstrom, que argumentó que “consumir nicotina en una forma más simple y pura es mucho menos dañino que fumar” y que “todo lo que se extraiga de quemar va a ser más dañino”.

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