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Cada vez son más numerosos los hogares que tienen tortugas rusas como mascotas

Hace varias décadas, allá por la década de los 90 del siglo pasado, las tortugas conocieron una gran popularidad como mascotas en los hogares españoles. Sin embargo, estos animales malvivían en muchas casas, sin las condiciones adecuadas, y eran adquiridas de forma ilegal en rastrillos, mercadillos…

Con la llegada del nuevo siglo, la fiebre de las tortugas pasó pero, hoy en día, las tortugas han vuelto para convertirse en las mascotas ideales para niños. Y, afortunadamente, hoy en día existe mucha más información y concienciación sobre estos animales que antaño. Los dueños de tortugas tienen en la actualidad muchos más conocimientos sobre estos animales y se especializan en su cuidado, lo que ayuda de forma decisiva a disfrutar de su compañía y a mantenerlas en buen estado de salud.

La tortuga rusa, activa y cordial

Entre los quelonios, una de las especies preferidas es la tortuga rusa. Este animal se caracteriza por un comportamiento muy activo e, incluso, cordial. Se relacionan muy bien con sus cuidadores y, en particular, con los niños.

La tortuga rusa es originaria del norte de Pakistán y el noreste de China. Pueden vivir más de 50 años y miden entre 13 y 20 cm (los machos) y 15 y 25 cm (las hembras). Una característica muy particular de la tortuga rusa es su apareamiento: ¡puede durar hasta 12 horas!

Cómo cuidar a la tortuga rusa  

Las tortugas, en general, no requieren de muchos cuidados. En el caso de la tortuga rusa, es suficiente el tener para ellas un recinto exterior, resguardado de humanos y de depredadores. Las dimensiones de este recinto recomendadas por los expertos son de 122 x 122 cm. Para proteger este espacio hay que emplear tela metálica, de gran peso y con madera en los bordes.

En lo que respecta a su alimentación, comen flores y hojas, siendo su alimento favorito el diente de león.

Por último, en lo que respecta a las caricias, no hay ningún problema en cogerlas, pero no con regularidad pues pueden llegar a estresarse. Una caída desde las manos de un humano al suelo puede ser fatal, al dañar su caparazón y partes blandas del animal.

La tortuga caimán, un animal prehistórico  

No es desde luego un animal que tener en casa, pero la tortuga caimán es otra especie de la que se ha hablado mucho en los últimos tiempos como curiosidad zoológica.

La tortuga caimán debe su fama a que es un animal prehistórico, extraño y único. Procede de Estados Unidos y puede llegar a medir hasta 80 cm de longitud y 80 kilos de peso. Es una tortuga de agua dulce con un caparazón muy grueso.

Tiene una cola larga y una cabeza grande. Se trata, además, de una especie cazadora, que es capaz de atrapar moluscos, pescados, ranas, cangrejos, serpientes y plantas con su lengua. Esta lengua tiene un color rojizo muy intenso que, al ser desplegada, sus víctimas confunden con un gusano.

En lo que respecta a su comportamiento, se trata de un animal solitario, que pasa desapercibido. Pueden llegar a estar sumergidas debajo del agua períodos superiores a los 50 minutos. Se mueven poco. Se aparean en los meses de primavera. Una hembra puede colocar entre 8 y 52 huevos y son incubados durante 140 días.

Su esperanza de vida se encuentra en torno a los 26 años en machos y 23 en hembras.

Una especie vulnerable

La tortuga caimán es una especie vulnerable, amenazada por el hombre. Los seres humanos capturan esta especie como alimento y por el valor de su caparazón aunque en algunos estados de EEUU está prohibida su caza. Además, plaguicidas e insecticidas empleados en cultivos contaminan el agua que consumen estas tortugas y las construcciones humanas alteran y destruyen su hábitat.

Afortunadamente, hay organizaciones ecologistas y científicos que se preocupan por el estado de salud de estas tortugas. Recientemente, fue encontrado un espécimen de tortuga caimán salvaje en el estado norteamericano de Illinois, tras más de 30 años sin dar señales de vida.

Tortugas en la estación de Atocha de Madrid

Una prueba de cómo ha aumentado la concienciación y preocupación sobre el estado de salud de las tortugas en los últimos tiempos es el caso de las tortugas de la estación de Atocha de Madrid. Alrededor de 300 tortugas fueron abandonadas hace años por sus propietarios en el estanque de la estación de tren de Madrid Puerta de Atocha. La entidad pública Adif se encargaba de su alimentación y cuidados pero su situación era cada vez más preocupante, como alertaban muchos ciudadanos y expertos.

Afortunadamente, la historia tuvo un final feliz hace unos meses, cuando las tortugas fueron finalmente trasladadas al Centro de Fauna de Navas del Rey. Allí viven ahora en una laguna de 300 metros cuadrados, en un hábitat perfectamente acondicionado para ellas.