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El agua de una piscina se puede mantener durante 4 o 5 temporadas, dependiendo de su procedencia. Durará menos si el agua procede de un pozo y más si se trata de agua de la sierra o previamente tratada. Pasado este tiempo se recomienda un vaciado total por cuestiones de limpieza e higiene y también para eliminar algas en profundidad, reparar gresites, revisar juntas…

La pauta que indica que hay que proceder al vaciado se produce cuando los niveles de cloro son superiores a 75 partes por millón. Aunque cualquier valor por encima de entre 15 y 25ppm puede ocasionar molestias. A partir de 100 ppm se considera que el ph se halla en un nivel tóxico, que puede causar síntomas de irritación ocular, dermatológica y otitis.

El 85% de los propietarios de piscina mantienen el agua de una temporada a otra, pero para preservarla en óptimas condiciones año tras año es importante hacer un buen mantenimiento del agua. El primer paso antes de proceder a realizar el invernaje de nuestra piscina para prepararla para los meses de inactividad es realizar una limpieza exhaustiva haciendo especial énfasis en las paredes y vaso para eliminar la presencia de algas, pero sin olvidar revisar los skimmers, compuertas, filtros…y resto de elementos del vaso. Otro dato a tener en cuenta es la temperatura del agua, que debe situarse por debajo de los 15 grados.

Llegado a este punto comprobaremos el nivel de pH para asegurarnos que se sitúa entre los 7,2 y 7,6 puntos. De no ser así se tendría que añadir un producto regulado del ph.

Una vez terminado este proceso hay que realizar un tratamiento de cloración de choque para desinfectar la piscina y que las impurezas orgánicas no sobrevivan a lo largo del invierno. Hay que distribuir el producto por toda la piscina, una vez que los filtros estén en funcionamiento, y dejar que actúe durante al menos 8 horas para asegurar una correcta distribución del producto. Si pasadas 24 horas la concentración de cloro es menor de 1,5mg/l es necesario repetir la cloración de choque.

Al día siguiente de haber realizado la cloración, y una vez el agua esté en perfectas condiciones, hay que añadir los productos invernadores que se encargarán de mantener el agua libre de algas, bacterias y microorganismos. En este caso habrá que aplicar la cantidad recomendada por el fabricante para el volumen de la piscina y dejar la bomba en funcionamiento en recirculación durante 4-6 horas para asegurar una óptima repartición del producto.

Es muy útil apuntar la fecha de la cloración para repetir el proceso al cabo de 3 meses y el de productos invernadores, especialmente en las zonas con una climatología más adversa. Con la app gratuita de la empresa Abrisud, Pool Tips, podrás instalar una alerta en tu móvil y así realizar un correcto invernaje.

En zonas proclives a las heladas es recomendable que el agua quede siempre 5 cms por debajo de los skimmers y vaciar el agua de su circuito y del motor para evitar que se hielen cuando las temperaturas son muy bajas. Además, es recomendable introducir algún elemento flotante ciricular como neumáticos o garrafas de al menos 5 litros – llenas de agua hasta la mitad – para que cuando se produzcan temperaturas bajo cero el agua helada no ejerza presión y agriete las paredes.

En lugares con temperaturas más cálidas mantendremos el nivel del agua habitual y pondremos en funcionamiento la instalación hidráulica durante al menos 2 o 3 horas semanales para que los equipos se mantengan en condiciones óptimas hasta la siguiente temporada de baño.

Una vez que el agua esté en óptimas condiciones para invernar hay que seguir haciendo un control periódico durante los meses más fríos, repetir el tratamiento de cloración cuando proceda y realizar tareas de mantenimiento en  limpiafondos, skimmers, compuertas, filtros …

Otro factor a considerar es la instalación de un cobertor o cubierta para conseguir una mayor protección durante las heladas ya que protegen el vaso, consiguen un importante ahorro energético y refuerzan la seguridad infantil y de las mascotas. El mantenimiento de una cubierta es sencillo. Basta con eliminar la capa de polvo que pueda acumular durante los meses menos cálidos y lavarla con jabón neutro si está hecha de policarbonato. Es importante también aplicar productos anti-moho para evitar que la humedad de los meses más fríos estropee la cubierta. Se puede realizar una limpieza periódica más completa con una manguera a presión.