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Poco o nada se equivocaba el padre de la rumba catalana, Pere Pubill Calaf – más conocido como Peret -, cuando dijo en 1992 aquello de “ella tiene poder, ella tiene poder, Barcelona es poderosa, Barcelona tiene poder”. Fueron los mismos días en los que el grandioso Freddie Mercury cantaba de la mano de la majestuosa soprano Montserrat Caballé para presentar a la ciudad ante los Juegos Olímpicos del 92. “Barcelona, Barcelona, how can I forget“, decían. Y como olvidarlo.

Durante esa época, la ciudad vivió su época de máxima expansión en tiempos modernos. Toda Barcelona se modernizó y se adaptó para abrirse a un mundo que tenía sus mil ojos pegados a ella. Los JJOO fueron el telón de fondo para desarrollar la gran transformación urbanística de BCN, pero también cohabitaron las ganas de la sociedad de enseñar una ciudad de la que pudieran sentirse aún más orgullosos. Se remodeló la montaña de Montjuïc con la creación de la Anilla Olímpica, se restauraron instalaciones deportivas ya existentes, como el Estadio Olímpico o las Piscinas Picornell, y se construyeron de nuevas, como el Palau Sant Jordi.

Pero el gran cambio llegó con la remodelación de toda la zona marítima de la Barceloneta y el barrio de Poblenou, área destinada a la Villa Olímpica donde se alojaban los deportistas durante los juegos. También se inauguraron las nuevas rondas Litoral y de Dalt, y los nudos de la Trinitat y del Llobregat. El impacto que tendrían estos cambios urbanísticos no tardó en hacerse notar, ya que hizo evolucionar cualquier relación que los barceloneses mantenían – y han continuado manteniendo – con su ciudad.

El pequeño gran rincón del Mediterráneo

La capital catalana no se caracteriza por ser una ciudad de grandes dimensiones, sino al contrario: comparada con sus homónimas es una ciudad más bien pequeña, pero tiene todo aquello que uno puede soñar cuando se imagina en una ciudad de alto standing. Cosmopolita por defecto, aloja a menos de 2 millones de habitantes. Pero su encanto es tan elevado que septuplica esa cifra cuando se habla de visitantes extranjeros. Y es que más de 14 millones de turistas pisaron Barcelona en 2017, convirtiéndola en una de las más visitadas del mundo.

No es para menos. La ciudad mediterránea tiene más de 2.000 años de historia pero ha sabido encontrar el equilibrio entre mantener vivo su legado a la vez y actualizarse constantemente para ir adaptándose completamente a los tiempos venideros. Su oferta es indefinida: museos, restaurantes, bares, galerías, arquitectura y gastronomía se entremezclan entre sí como una melodía rítmica y pegadiza, de esas que no se te van de la cabeza. Ella siempre está dispuesta a enseñarte sus mejores rincones a través de paseos al aire libre, aunque también hay quienes se ocupan eficazmente de ponérselo fácil a los turistas. Desde hace unos años, la posibilidad de hacer un tour gratis Barcelona ha proliferado en la ciudad. El servicio es diverso pero goza con una particularidad común: es gratuito y son los usuarios los que deciden si quieren contribuir económicamente y, de ser así, con cuánto. Este modelo de negocio es común en grandes ciudades europeas e internacionales, y es de gran ayuda a la hora de conocer tanto sus curiosidades como sus rincones más populares. En el caso de Barcelona, por ejemplo, optan por enseñar la obra de Antoni Gaudí o por hacer una ruta por el Casco Antiguo y el Barrio Gótico, por ejemplo.

Un día en la Ciudad Condal

Sería inimaginable empezar la ruta barcelonesa sin tener en cuenta el punto neurálgico y comercial de la ciudad. Y es que desde Plaza Cataluña salen dos de los principales brazos de la Barcelona más turística: Paseo de Gracia y La Rambla. La primera avenida cuenta con las tiendas más cool del lugar, pero también acoge dos de los edificios icónicos de la Condal diseñados por Gaudí: la Casa Batlló y la Pedrera. ¿Y qué decir de La Rambla? Perfecta para perderse y observar la gran afluencia de personas, colores e idiomas que se mezclan entre sí, conocer el famoso mercado de la Boquería, admirar el Gran Teatro del Liceo y llegar hasta el Monumento de Colón.

No muy lejos espera la Plaza Sant Jaume, centro político que acoge el Palacio de la Generalitat y el Ayuntamiento, dos de los edificios gubernamentales más importantes de la ciudad. Detrás, a pocos pasos, la Catedral de Barcelona en pleno Barrio Gótico. Sin duda, pasear por allí te transporta al interior de la Barcelona de los siglos pasados.