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El sol es una fuente de beneficios. En el plano emocional nos levanta el ánimo, nos sentimos más felices cuando hay un día soleado que cuando las nubes se asoman. Es antidepresivo. De hecho, un grupo de investigadores finlandeses ha establecido una relación positiva entre el mayor número de horas de sol en verano y una menor incidencia de depresión o irritabilidad en el cambio de estación posterior.

El sol es también el responsable de que produzcamos una serie de sustancias esenciales como la vitamina D, esencial para tener unos huesos sanos y fuertes; favorece también el aumento de la serotonina, sustancia que influye en el estado de ánimo, regulando la ansiedad y la felicidad, y ayuda en la producción de melatonina, hormona que regula los ciclos de sueño y vigilia.

El sol reduce la acción de los patógenos sobre nuestra piel. Es eficaz en el tratamiento de algunas enfermedades dermatológicas como el acné, linfomas cutáneos, granuloma anular, psoriasis, etc.

Sin embargo, los expertos alertan de que para poder obtener los beneficios que aporta el sol hay que tomar precauciones, ya que emite radiaciones ultravioletas e infrarrojas que pueden ser nocivas.

Efectos de las radiaciones ultravioletas

Los rayos ultravioletas (UV) son emitidos por el sol en pequeña proporción, pero su efecto nocivo causa grandes daños en la piel. En los últimos 4 años ha aumentado un 38% la incidencia de sufrir cáncer de piel en España.

Hay tres tipos principales de rayos UV:

Rayos UVA: producen daño en la piel a largo plazo; son los causantes del envejecimiento celular cutáneo, favoreciendo la aparición de las arrugas y dañando el ADN de sus células. Influyen en la aparición de algunos cánceres de piel.

Rayos UVB: son más potentes que los rayos UVA. Dañan directamente el ADN de las células de la piel y son los causantes de las quemaduras solares. La mayoría de los cánceres de piel son causados por estos rayos.

Rayos UVC: son más potentes que los demás rayos UV, pero no traspasan la atmosfera gracias a la capa de ozono.

Los principales problemas que pueden causar los rayos UV cuando se toman en exceso o sin la protección adecuada son:

– Quemaduras solares: aunque su efecto visible es temporal, internamente causan un daño cutáneo permanente que puede provocar problemas de salud como el cáncer de piel.

– Envejecimiento: que no afecta solo a la parte visible, las arrugas; también degradan las células de la piel, que dejan de realizar sus funciones: la piel se inflama, disminuye la síntesis de colágeno, pierde elasticidad, disminuyen las defensas y favorece la aparición de lesiones cutáneas que pueden ser malignas.

– Degradación celular: la atrofia de las células de la piel disminuye la acción del sistema inmune y la renovación tisular. 

– Cuando la atrofia es grave deja la piel expuesta a cualquier sustancia o radiación ambiental o química sin protección. Debido a esto, se pueden producir diversas enfermedades cutáneas como cáncer de piel.

Efectos de la radiación infrarroja

Los rayos infrarrojos-A (IRA) son un tipo de radiación solar responsable de la sensación de calor que sentimos cuando estamos bajo el sol. Existen tres tipos de rayos infrarrojos: IR-A, IR-B e IR-C, pero los más dañinos son los de tipo A.

Los expertos de Indo advierten que, en comparación a los rayos ultravioletas, los infrarrojos son menos conocidos, pero son muy dañinos ya que penetran hasta las capas más profundas de la epidermis.

La gran capacidad de penetración que tienen estos rayos produce un ataque directo sobre la hipodermis, generando estrés oxidativo en las células y un aumento de los radicales libres que pueden dañar la piel.

Las consecuencias más visibles del exceso de rayos infrarrojos es la generación de arrugas profundas en la piel por la alteración del colágeno, envejecimiento prematuro debido a que el aumento de radicales libres impide la regeneración del colágeno y pérdida visible de la elasticidad y firmeza de la piel.

¿Cómo protegernos?

El sol es una fuente de beneficios, pero debemos protegernos para que los rayos solares no perjudiquen nuestro organismo:

– Utiliza protectores solares, en invierno y en verano, con un factor alto de protección SPF de 50. Comprueba que te proteja contra los rayos UVA, UVB e IRA y aplícalo correctamente.

– En verano evita pasar mucho tiempo al sol, sobre todo entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde.

– Utiliza gafas solares con protección infrarroja (IR) y ultravioleta (UV), tanto para los adultos como para los niños. 

– Protege la cabeza de los rayos solares con gorras; utilízalas mejor de tela gruesa que de paja, ya que estas dejan pasar los rayos.

– Pon especial atención en proteger a los niños; su piel es más fina y delicada. Usa ropa que tenga protector de rayos UV que ayuda a absorber la radiación.