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PIEL

Cuando llega la primavera, la piel es tal vez el primero de nuestros órganos en notarlo, una época en la que se debe cuidar y preparar especialmente para la posterior entrada del verano, en que es más castigada por la sobreexposición al sol y calor excesivo. Joaquín Pinar, responsable en España de la firma suiza Wherteimar, nos comenta: “Hay que tener en cuenta que el paso del invierno a la primavera puede ser brusco y complicado para determinados tipos de piel, pasamos de la sequedad que provocaba el frío, a un ligero aumento de temperaturas que hace al mismo tiempo que aparezca más grasa, la cuál la protege indudablemente pero también nos lleva a los típicos problemas de acné, o eczemas en caso de alergias”.

Otras afecciones de la piel en primavera son la rosácea, las irritaciones, la dermatitis atópica, la picazón o las arañas vasculares por vasodilatación, además del especial cuidado que debemos tener ante las primeras tomas de sol de la temporada: “A ser posible, empezar desde ya a usar cremas con factor de protección solar para protegernos del sol. También es primordial una correcta exfoliación una vez a la semana, al menos durante el mes que dediquemos a la limpieza profunda de nuestra piel, con algún exfoliante de ácidos glicólico o málico que eliminen las células muertas de la epidermis, sobre todo en pies, rodillas, codos… y claro, cremas calmantes y emolientes en caso de padecer alguna de estas afecciones” – aclaran desde Wherteimar.

CAÍDA DEL CABELLO

Todos sabemos que para una buena salud capilar, más ahora que llega la primavera, es necesario llevar unos óptimos hábitos de vida (una buena alimentación, no fumar ni beber en exceso, evitar el estrés, etc…) y tomar medidas cuánto antes, por ejemplo para prevenir la caída del pelo, muy común en esta época del año. Paul Tudor, del salón David Künzle, recomienda no lavarse el cabello tan a menudo para no bloquear el folículo piloso, ni secarlo muy fuerte para evitar roturas capilares, entre muchas otras cosas que hacemos mal sin darnos cuenta: “El champú que elijamos es muy importante, que no irrite, ni pique ni sea muy graso, todo en función a cómo sea nuestro pelo. Básicamente hablaría de una correcta hidratación para un cabello sano y fuerte, aumentar en nuestras ingestas la cantidad de hierro, zinc, betacarotenos, grasas buenas omega-3 y vitaminas del grupo B, pues estimulan la raíz y fibra capilar, y sin duda desterraría el uso abusivo de planchas, extensiones o secadores a gran potencia”. 

En primavera, esta caída del cabello se acentúa, pero no es nada grave ni irreparable, solamente supone una dura etapa en la que luego, el cabello vuelve a la normalidad: “Para mi, todo depende del estado actual de vuestro pelo. Si la densidad ya tiene tendencia a bajar demasiado con los años, o si todo sigue igual. Esto lo podemos comprobar pasando los dedos entre los cabellos, apretando desde el cuero cabelludo hasta las puntas, para después repetir la operación sobre toda la cabeza. Si hay menos de 10 pelos, todo está en orden, más de 10 estás empezando el proceso de caída y más de 15 estás en el momento crítico y hay que tratar sí o sí” – comenta en este caso David Lesur, director de formación en David Künzle.

UÑAS

Las uñas secas y quebradizas es uno de los mayores dolores de cabeza para muchas mujeres en primavera. Dauri Jerez, manicurista en los centros Look & Care de Madrid, advierte al respecto: “Siempre atendemos al efecto del frío o el aumento de las temperaturas en manos y pies, y muy pocas veces nos fijamos en las uñas, las cuáles sufren igualmente estos cambios. Hidratarlas y nutrirlas con productos enriquecidos en calcio las ayudarían bastante, así como masajitos con aceite de oliva en la parte cuticular y cremas protectoras/fortalecedoras sobre todo durante la noche, cuando mejor actúan sus principios activos”.

Maribi Arnedo, de la firma sudafricana Bio Sculpture, opta por la manteca de karité como opción, así como por productos para su cuidado y protección de su misma marca: “Pueden darse además problemas de hongos e infecciones bacterianas. Yo haría hincapié en la sequedad, aunque menor que en invierno y que lleva a su rotura o cambios de color en ocasiones, y en la deshidratación con el incremento de las temperaturas. Si no las hidratamos bien, y para que no se quiebren, es imprescindible añadir en nuestra alimentación semillas, legumbres, frutos secos como nueces o pipas de calabaza al igual que vegetales de hoja verde y cómo no, aceite de oliva virgen extra y todo lo que esté en nuestra mano, aparte de buenos productos cosméticos que cumplan estas funciones”.