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Las células del organismo obtienen el oxígeno y los nutrientes necesarios para el metabolismo en la última etapa de la circulación sanguínea, llamada microcirculación. En ésta también se evacúan los desechos de este proceso. En este punto, en el cual se genera la energía y se elaboran las proteínas, es donde se suelen producir las enfermedades. De hecho, el 80% de las causas por las que las personas acuden a su médico tienen origen en una deficiente microcirculación. Si ésta se produce correctamente, el desarrollo de las enfermedades sería significativamente menor. Para asegurarnos de ello, debemos seguir ciertos pasos y aplicar ciertos consejos en nuestro día a día, que nos permitirán vivir de forma más saludable.

Tener buenos hábitos dietéticos, comiendo lo suficiente de manera equilibrada y variada es igual de importante que practicar ejercicio físico, lo que unido compone la fórmula perfecta para estar sanos. La dieta correcta debe incluir alimentos de todos los grupos y en cantidades que cubran nuestras necesidades energéticas y nutritivas. Asimismo, es fundamental distribuir las comidas en cinco tomas.

La primera y más importante sería el desayuno, que nos proporciona la energía que después nos servirá para realizar las actividades de todo el día. Para ello, podemos tomar leche o yogur, cereales, tostadas o galletas y fruta o zumo. Posteriormente, debemos comer a media mañana para coger las fuerzas que nos permitan aguantar hasta la comida; con un bocadillo, una fruta o un yogur es suficiente. La comida es la segunda toma más fundamental del día y debe constar de tres platos: un primero o entrante como pasta, arroz o verduras; un segundo o principal a elegir entre carne, pescado o huevo; y el postre, por ejemplo, fruta o yogur. Por la tarde, no debemos olvidarnos de la merienda, que puede contener alimentos similares a los de la media mañana. Por último, la cena debe ser ligera: pescado, pollo o tortilla.

Países como España, Italia, Francia, Grecia y Portugal, que siguen la dieta mediterránea basada en el consumo de aceite de oliva, pan, hortalizas, legumbres, pescados, huevos, queso, yogur, pasta, arroz, frutas y frutos secos, tienen un menor porcentaje de infarto de miocardio y una menor tasa de mortalidad por cáncer, según una guía nutricional de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

No solo la alimentación adecuada es importante para mantener la salud física y mental, sino también la hidratación. Nuestro cuerpo obtiene lo que necesita a través de: agua; zumos, café, infusiones, té y refrescos; y el agua de los alimentos que tomamos. Lo ideal es consumir como mínimo 1,5 a 2 litros al día.

Nuestro estado de salud también depende del ejercicio físico que realicemos durante el día. Por ello, debemos reducir las actividades sedentarias como ver la televisión o estar delante del ordenador, en favor de dar un paseo con nuestros amigos o mascotas, colaborar con las tareas domésticas u otras tareas de ocio. Con unos 30 minutos al día, será suficiente. También debemos asegurarnos de tomar suficiente agua antes de practicar cualquier tipo de deporte.

Siguiendo estos sencillos consejos mejoraremos nuestros hábitos saludables y nos sentiremos mejor con nosotros mismos. Así, evitaremos la acumulación de tensiones de la vida diaria que producen el estrés indeseado, colaborando a tener más tranquilidad.