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Sea estirando cada uno de sus dedos por separado, sea enlazando sus manos para estirarlos todos a la vez, hay personas que encuentran un placer especial en crujirse los dedos. Personas incluso con un vicio innegable, para desesperación de quienes les rodean… Porque, admitámoslo: da grima.

La cuestión es si provoca o no otro tipo de consecuencias en el cuerpo. Dice el mito que las personas que se crujen los dedos tienen más propensión a sufrir artrosis; si eres una de ellas seguro que alguien de tu entrono te ha asustado con esta idea… Sin embargo, no hay ninguna investigación científica que confirme esta hipótesis. Y, se han realizado unas cuantas.

Una de las más sonadas fue al realizada por el premio Nobel de medicina Donald L. Unger, quien durante 60 años se hizo crujir los nudillos de la mano izquierda, solo de la mano izquierda. Cuando comparó el grado de artrosis en cada una de sus manos no había especiales diferencias entre una y otra.

No es el único estudio que apunta en este sentido: un estudio de 2011 llamado Knuckle Crack and Hnad Osteoarthritis también descartó toda la relación. Y esto incluyendo la variable de las veces que se hacían crujir al día las manos. Da los mismo. Al menos a efectos de la artrosis.

Y, ¿de donde proviene ese ruido tan desagradable? Uno tiende a pensar que el característico ruido es el que hacen los huesos al chocar entre sí. De ahí la idea de que perjudica a los huesos y provoca artrosis. Sin embargo, no tiene nada que ver con los huesos, sin con el líquido sinovial, un fluído que ayuda que se encuentra entre las articulaciones para ayudar a su buen funcionamiento. 

En este líquido sinovial hay gases, burbujas cuyas paredes estallan al hacer crujir los dedos.