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Para dar el primer paso como cervecero necesitas una olla grande, una heladera de camping, una licuadora, un termómetro, un densímetro, un recipiente con tapa, un globo de cumpleaños, un largo caño de cobre y dos metros de manguera. No parece tan difícil, ¿no? 

El primer paso es moler los granos de cebada que después hay que maltear en una olla grande, germinando mínimamente. Tras esto, se mezcla la cebada ya malteada con agua caliente, formando una papilla que debe mantenerse en el fuego durante dos horas, a 65°C. Una vez retirada el agua, queda el mosto, un líquido denso y dulce.

Ya con el mosto, éste debe hervirse a borbotones durante una hora y media. Mientras tanto, se le va agregando, por partes, el lúpulo, ingrediente que aromatiza y da el amargor deseado a la cerveza. De este proceso también resulta la esterilización del producto, que evita que el líquido se llene de bacterias e indeseables, pero no de residuos. Precisamente por eso, finalizado el hervor, debe revolverse con fuerza para facilitar que esos residuos vayan a parar al fondo de la olla, que es el lugar en el que deben quedar. Y es que nuestra cerveza debe ser limpia y cristalina. O no será cerveza. 

Si hemos llegado a este paso, el resto no es difícil pero sí que hay que poner mucho cuidado con tratar nuestro 'proyecto' sólo con elementos y recipientes desinfectados ya que los intrusos como las bacterias no dejan buen sabor en tu cerveza. La limpieza es fundamental. Ahora hay que enfriar muy rápido el líquido, que debe pasar de 100ºC a los 20°C en el menor tiempo posible.  La mejor manera espasar la cerveza por el interior de tubo de cobre enrollado y enfriado con hielo. Luego hay que incorporar la levadura, hidratada desde el día anterior.

Llegamos a la fermentación. Quizá el paso más importante. La mezcla de mosto, lúpulo y levadura va a un recipiente para que se inicie este proceso. Esta última convierte los azúcares del mosto en alcohol y gas. Para no tener una explisión en casa a consecuencia del proceso químico, un remedio casero es tapar el recipiente con un globo pinchado. Así sale aire, pero no entra.Al líquido le bastará una semana en un lugar fresco y oscuro para bajar su densidad y, una vez destapado, alumbrar la vista con su color verde y espumoso. Luego será pasado a otro fermentador -o al mismo, lavado y desinfectado como corresponde-, que deberá ir al frío por otra semana.

Estamos terminando. Falta embotellar. En este proceso se completará la maduración de nuestra cerveza. Basta con un mes y medio de reposo en el frigorífico.