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La Unión Ciclista Internacional (UCI), el órgano que regula el ciclismo, se ha puesto muy estricto con la longitud de los calcetines de los ciclistas, de fino hilo, que no quiere que sean demasiado altos.

Afirman que se trata de luchar contra las ventajas aerodinámicas de los calcetines largos, que, combinados con botines cerrados, podrían ahorrar, según dicen, hasta 0,5 segundos por kilómetro.

El domingo, con motivo de la segunda etapa del Tour de Francia (contrarreloj por equipos), ninguno pudo arriesgarse a una sanción. Minutos antes de la contrarreloj por equipos, la UCI montó en la salida un triple tenderete de control.

En uno de ellos, con el objetivo de cumplir la regla, uno de los comisarios de la UCI, con una especie de sextante en la mano, un compás complicado, medía que el borde del calcetín de los ciclistas no sobrepasara el 50% de la distancia entre la cabeza del peroné y el maléolo, el hueso esférico del tobillo

Según ‘El País’ el recorte aplicado por la UCI coincide con el apogeo de la moda de los calcetines altos y de colores múltiples en el pelotón que por motivos estéticos, y siguiendo la senda abierta por Lance Armstrong y Bradley Wiggins en la primera década del siglo, se ha apoderado de los ciclistas más jóvenes. Ahora se fabrican de hasta 15 centímetros de caña.

Durante el siglo pasado, la estética oficial era de calcetinitos solo blancos con zapatillas solo negras (y culotte siempre negro riguroso). La altura de los calcetines también era intocable: 6,5 centímetros de caña para que el dobladillo solo llegara a tapar los tobillos.