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El estadio de Luznikhí en la capital rusa de Moscú acogió el cruce de octavos del Mundial que enfrentó a las selecciones de España y Rusia.

Nacho salió por el discutido Carvajal, y Koke saltó para apuntalar el centro del campo. Durante los primeros compases del partido, la selección se mostró más compacta que en ocasiones anteriores. El medio centro del Atletico de Madrid ancló al equipo. Por lo demás, más de lo mismo, España tocaba y tocaba, sin peligro, sin verticalidad, inocente y aburrida. Los rusos esperaban el fallo y su oportunidad. Ambos jugaron con miedo y eso repercutió en lo que se vio sobre la playa verde.

El premio llegó en el minuto 11 sin que España hubiera disparado entre los tres palos. Asensio botó una falta desde el lateral, lo único que hizo durante los primeros 45 pero lo hizo bien. Metió un balón envenenado que Ramos buscó en el segundo palo. El central ruso le iba haciendo penalti claro al de Camas, el árbitro dejó seguir la jugada a ver que pasaba. La suerte se alió con La Roja; el balón golpeó en la pierna del defensa contrario y de ahí directo a las mallas. Gol-pe de suerte, otro más (1-0).

A partir de ahí, el combinado español no se dedicó a jugar un partido, jugó un descuento. Si antes del tanto no había arriesgado no lo iba hacer ahora. Se lió dar infinitos pases intrascendentes. Rusia seguía esperando el fallo que, finalmente, lo concedió Piqué. El central catalán midió mal su salto en el área y subió la mano para ocupar el espacio. El remate golpeó en su brazo y el árbitro señaló el centro del área. Penalti, gol y empate (1-1).

Mientras Alba cogió el relevo de la inoperancia de Carvajal, Isco y Costa volvieron a destacar en otra primera parte para el olvido, más aburrida que una carrera de caracoles. Nadie corre y todos quieren el balón al pie. Así no se ganan partidos y mucho menos Mundiales. Lo mejor: los planos de las aficionadas rusas.

En la segunda, España salió más entonada aunque con los mismos. Encerró a Rusia en su área y por lo menos demostró que era mejor equipo que su rival. Los minutos pasaban y el marcador no se movía. Llegó el primer cambio español en el 66. Hierro dio descanso a un desaparecido Silva y entró el genio calvo: Iniesta al campo. Rusia comenzó a sentirse cómoda y el partido pedía a gritos a Aspas, pero no por Costa como así decidió el técnico nacional. La prórroga comenzaba a divisarse en el horizonte. Iniesta la tuvo antes del final. Casi. Paradón del meta ruso. El pitido salvó a los organizadores y a los nuestros también. 

 1-1, prórroga y al vestuario a meditar.

Comenzó el añadido. Rusia hizo su último cambio en los 15 primeros, que pasaron sin pena ni gloria. Nada destacable. España no inquietó ni a los mosquitos.

Otros 15 de añadido antes de la lotería de los penaltis, nuevo objetivo de la selección rusa. Rodrigo, el mejor de los relevos, la tuvo en una cabalgada propia del Cid que Carvajal no llegó a materializar en segunda jugada. Comenzó a llover, más épica al asunto y los penaltis, a la vuelta de la esquina.

Final, penas máximas y desfibrilador.

Rusia metió todos los que lanzó, España falló dos (Koke y Aspas). 

Continúa la maldición de la anfitriona, España nunca ha ganado al país organizador de la competición. Para casa tras un Mundial desilusionante que nunca merecimos ganar.