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Inexplicable. Así podría analizar de manera fría cualquier aficionado barcelonista al ver la debacle de su equipo en la capital italiana. Y como no, cuando un equipo pierde, todas las miradas apuntan a una misma persona, el entrenador.

Ernesto Valverde acapara todas las críticas de la humillación sufrida por el Barça en su noche más negra de los últimos siete años. El extremeño es el responsable, al  no tener recursos ni firmeza para remontar el marcador adverso, pero no el único culpable de la situación.

Un equipo que ha dependido en la gran mayoría de los partidos de Leo Messi acabó sucumbiendo cuando su máxima estrella no apareció y uno de sus referentes, Sergio Busquets, jugó sin estar en condiciones físicas.

A Valverde le tocará levantar la moral de un vestuario que comienza a cuestionar su planteamiento, de cara a la final de Copa y a lo que resta de Liga. Además, queda señalado de cara a la próxima temporada.