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Rey de copas. Veintinueve, concretamente. El Barcelona es el
equipo que más trofeos del torneo del K.O tiene en sus vitrinas. Pero el
verdadero Rey es Leo Messi. El argentino se volvió a poner la corona, esta vez
en el minuto 29, cuando tiró una pared mágica con Neymar y desde el balcón del área
puso patas arriba el Calderón, con su clásico pase a la red en forma de disparo
de rosca con la zurda para lograr el 1-0, su gol número 26 en las 25 finales
que ha disputado.

Antes, poco destacable en lo futbolístico en un partido de
imprecisiones, resbalones y choques donde la noticia había estado antes del
inicio del encuentro: Los habituales pitos al himno y la tribuna del Calderón a
medio aforo. Ya dentro de los primeros minutos de juego, lo más destacado fue
un durísimo cabezazo entre Marcos Llorente y Javier Mascherano que terminaba
con el jugador azulgrana de camino a la enfermería con una brecha en la cabeza
y una lesión en la rodilla. André Gomes entró para ocupar su puesto en el
lateral derecho en el que probablemente haya sido el mejor día del portugués
con la camiseta azulgrana.

El Alavés, bravo, incansable y glorioso…como siempre. Pellegrino
puso en liza un esquema de cinco centuriones en la retaguardia y con un equipo
volcado en cada asalto por cada balón dividido. Espoleado por una fiel y
entregada afición, lo dio todo para intentar alcanzar la gloria de ganar su
primer título. Y durante muchos minutos hizo soñar a Vitoria con llevarse la
copa al País Vasco. Lo hizo Theo, con un golazo de falta directa cargado de
morbo, con rumbo a la escuadra de Cillessen para poner el empate a uno en el
marcador, pocos minutos después de que Messi silenciara al sector albiazul de
la grada del Calderón.

Minutos después, se marchó al descanso con la final perdida.

El encuentro duró hasta que Neymar puso el segundo tanto en
el marcador en el minuto 44. Tres minutos más tarde, Alcacer echó el cerrojo al
trofeo con el tercero. Doble mazazo psicológico con un denominador común:
Messi. Jugó para que André Gomes asistiera a Neymar (en posición de fuera de
juego) en el segundo tanto y regaló el tercero al valenciano Paco Alcacer.

Tras el descanso, el Barcelona salió acomodado porque el
argentino se tomó un respiro. Las desconexiones de Messi permiten a los rivales
poder igualar la balanza, previamente desequilibrada por el argentino. Una
segunda parte en la que la igualdad fue la nota dominante y donde el Alavés,
enarbolando la bandera del coraje, siguió siendo fiel a sí mismo durante el último
asalto. Pellegrino buscó meter al Barcelona en su área introduciendo en el
tapete verde a Camarasa y a Rubén Sobrino. Deyverson vio como Cillessen le
privaba de marcar el tanto que hiciera entrar en ebullición a un Barcelona
remolón, perezoso y acomodado en la confortabilidad del resultado. Clos Gomez
anuló con total justicia a Deyverson el que hubiera sido el 3-2 por claro fuera
de juego.

Al grito de “campeones, campeones” la afición del Barcelona
celebraba el primer título de la temporada. Un cántico que adoptó la grada
alavesista para homenajear a sus héroes, que derrengados, se dejaron la piel en
su segunda final perdida de su historia, en donde los equipos se hacen grandes.
El glorioso Alavés, tras una campaña excelente, ya puede presumir de serlo un
poquito más.