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El Barcelona quiere la liga. No se rinde y la primera prueba la tenía en
casa ante Osasuna. El conjunto culé, lejos de relajarse, dio una absoluta
exhibición de futbol combinativo, con un Messi desatado al que el Camp Nou
volvió a rendir pleitesía tras haber logrado en el Bernabeu el gol 500. Eso sí,
con rotaciones como la de Sergi Roberto, Umtití, Alba o Luis Suárez.

Las declaraciones previas al partido del entrenador Vasiljevic dejaban
entrever que el técnico rojillo entregaba la cuchara para ir directo a la
guillotina sin ninguna oposición, sabiendo que si perdía en Barcelona, y ganaba
el Leganés (como así ocurrió), sería matemáticamente equipo de la Liga 123. La
primera parte, bajo la lluvia de la ciudad condal, fue un absoluto paseo para
la parroquia blaugrana. Control absoluto, paladeando cada pase para controlar y
cocinar a fuego lento una victoria que caería por pura inercia. Por acierto del
Barça o por fallos de Osasuna. Fausto Tienza le regaló el cuero a Messi en el
centro del campo, que galopó directo a puerta para encarar a Sirigu y hacer el
primer tanto. Picadita por encima del guardameta italiano para descorchar la
botella de los goles.

Una diana que anestesiaba el encuentro y dejaba a merced del Barcelona a un
Osasuna replegado y asustadizo. Rakitic puso un centro para que André Gomes
(partiendo de titular en la banda derecha). Con 2-0 al descanso, una mayor
amplitud en el marcador dependía únicamente de la ambición del Barcelona,
porque los navarros no comparecieron durante los primeros cuarenta y cinco minutos.

Curiosamente, fue el Barça el equipo que salió dormido y Osasuna se empezó
a asomar al balcón del área de Ter Stegen. No tardó ni once minutos en acortar
distancias Roberto Torres tras aprovechar una falta cometida en la frontal para
poner el 2-1. Un tanto que abrió los ojos nuevamente al equipo líder de la liga
y que desató la tormenta perfecta. Tras fallar Mascherano una ocasión enviando
un balón al poste, recibir Rakitic un penalti no pitado y tras salvar un remate
de Piqué bajo palos, llegó el 3-1 gracias a André Gomes. Ese tanto cerraba el
telón a las opciones de empatar de Osasuna, porque Messi anotó el cuarto con un
golazo de bandera, para clausurar una nueva exhibición del argentino tras 62
minutos. Sustituido por Aleñá, el Camp Nou se vino abajo para despedir al mejor
futbolista de su historia.

Alcacer se sumó a la fiesta marcando el quinto y con un penalti a favor del
Barcelona, emergió la figura de Mascherano. Rakitic quiso tirar la pena máxima,
Piqué le instó a cedérselo al “jefecito”, que tras 319 partidos con el equipo,
no había anotado aún un gol con la casaca azulgrana. Tiró la pena máxima para
marcar el sexto (y de momento su primero), y Paco Alcácer, de nuevo, redondeó
la goleada. 7-1, en una temporada donde se habla de la escasez de plantilla del
Futbol Club Barcelona, los de Luis Enrique sacan músculo, lucen fondo de
armario y reservan titulares para el derbi clave del sábado ante el Espanyol,
donde el vecino actuará como juez de la liga.