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Un gol que puede valer un título en un clásico que no
defraudó. De momento, el Barcelona se sitúa como nuevo líder de la competición.
Y de qué manera: En el Bernabéu, en el minuto noventa y dos y contra el eterno
rival en el día de Sant Jordi. El Madrid decidió incendiar el partido con un
ritmo trepidante ante un Barcelona impreciso, fallón y desafinado. Los blancos,
con poca efectividad de cara a puerta, encontraron en Ter Stegen el ángel de la
guarda del equipo blaugrana. El alemán sostuvo a su equipo para que Messi
hiciera el resto. Su segundo gol sirvió para poner el broche a un partido
trepidante de emociones fuertes en uno de los mejores clásicos de los últimos
tiempos.

El partido arrancó con la confirmación de lo que se había
barruntado en las últimas horas: Con Alcácer como sustituto de Neymar y con Bale,
titular por decreto a pesar de llegar tocado. Una decisión que acabaría por
pasar factura a Zidane con la recaída del futbolista de Gales de su lesión en
el sóleo tras treinta y ocho minutos de partido. El tiempo que estuvo, trabajó
para elevar la presión de los suyos desde el primer momento. Unos primeros
compases que ya dejaron espacio para que el colegiado canario Hernández Hernández
desafinara en sus primeras notas. Pasó por alto un penalti a Cristiano de Umtití
en el minuto dos, y después, volvió a errar perdonando la amarilla a Marcelo
por un codazo imprudente a Messi.

Un golpe que dejó ausente al argentino durante varios
minutos, sin apenas intervenir en el juego de su equipo. En ese tramo de juego,
el Real Madrid empezó a sentirse más confortable en el encuentro y golpeó
primero en el marcador. Kroos colgó el balón desde el corner para que Ter
Stegen despejara el cuero hacia la frontal del área. Marcelo capturó el
rechace, levantó la cabeza y centró al segundo palo. Destinatario del envío,
Sergio Ramos se encontró con la madera, y a puerta vacía, Casemiro empujó la
bola para a puerta vacía. Mientras el Bernabéu saboreaba el primer tanto de los
suyos, Messi se recuperó para reiniciarse y aparecer de forma definitiva en el
partido con una internada brutal por el centro del área blanca, dejando por el
camino a distintos rivales para definir con clase, sangre fría y calidad.

Messi había iniciado el encuentro escorado en una banda y
terminó por mudarse a la medular para comenzar a desplegar la artillería
pesada, buscando la zona de Casemiro, que ya tenía amarilla y que volvió a
jugar con fuego con la segunda amarilla como ya hiciera en la vuelta de cuartos
de la Liga de Campeones.

La delicatessen de Leo sirvió como colofón para un interesante
primer tiempo. Un aperitivo para un segundo plato principal fuerte, con picante
y con sabor. Con el físico mermado, las dos escuadras fueron alternando sus
momentos en el partido. Los contendientes aceleraron para buscar la victoria,
enarbolando cada equipo la bandera de su estilo, como herramienta para alcanzar
el gol: El Real Madrid, con sus habituales arreones y el Barcelona buscando
inyectar cloroformo al ritmo del duelo. Momento en el que dos actores
secundarios como Ter Stegen y Keylor Navas hicieron acto de presencia para
deleitar al mundo del futbol con plásticas intervenciones. En especial, el
guardameta alemán, que sostuvo en el alambre al Barcelona.

Como ocurriera en los viejos tiempos, el clásico entró en
ebullición y con ocasiones para ambos, fue Rakitic golpeó para hacer tambalear
el choque. Ausente durante todo el partido, el croata armó un disparo certero
desde la frontal del área ante la atenta mirada de Toni Kroos para marcar el
segundo tanto de su equipo.

Con el partido del lado culé, tras el zurdazo de Rakitic que
hizo temblar al Bernabéu, Hernández Hernández volvió a erigirse protagonista
para desequilibrar el choque, expulsando rigurosamente a un impetuoso Sergio
Ramos por una entrada sobre Messi.

Pero lejos de dejarse ir, el Madrid de las grandes noches
volvió a hacer acto de presencia, robó el balón al Barcelona y surgió la
inesperada figura del colombiano James Rodríguez. El 10 entró en lugar de
Benzemá y en el ochenta y cinco empujó a la red un centro de Marcelo. El
cafetero se reivindicó y mandó un mensaje al madridismo: “Yo, aquí”. La
historia del madridismo empezaba a incluir el nombre de James como el hombre
que echó el cerrojo a la liga para el equipo de Chamartín. El Barcelona,
completamente K.O, se vio asediado por un impetuoso pero inocente Real Madrid,
que quiso la victoria. No se conformó con el punto y buscó llevarse los tres y
barrer del mapa a su eterno rival. Pero Messi no estaba de acuerdo con el guión
establecido.

Con sus compañeros replegados ante la presión incesante del
Real Madrid, Sergi Roberto recibió de un saque de banda, arrancó en conducción
ante la permisividad de Modric y Marcelo, que no tuvieron el oficio para
detener al lateral de Reus. El héroe de la remontada ante el PSG abrió el juego
para André Gomes. Jordi Alba le dobló, recibió el cuero del centrocampista luso
y asistió al argentino para ponerle el balón en la bota izquierda, sentenciando
así el partido, anotando su gol 500 y resucitando al Barcelona en la lucha por
la liga en el último segundo de partido. Messi se disfrazó de Ramos y con la elástica
azulgrana por bandera, mostró el dorsal al Bernabéu para mandar un mensaje:
Messi es indefendible.