jueves, 13 agosto 2020 7:59

Dybala y la Juve sentencian al Barcelona

Otra vez. Otro revolcón más en la máxima competición
europea, haciendo inútil el esfuerzo de la remontada ante el PSG. El resultado,
3-0, lo dice absolutamente todo. Refleja lo que fue el partido: Una secuela de
aquella noche de infausto recuerdo para los aficionados blaugranas, cuando el
PSG celebraba haberle dado un repaso histórico en el Parque de los Príncipes. La
razón, de nuevo, una alarmante falta de fútbol.

Ni el guionista más retorcido podía idear algo así. Volver a
caer para volver a levantarse y obrar el todavía más complicado milagro. Pero
esta vez, la remontada se antoja mucho más compleja. Parece imposible que la
Juventus, más canchera y con una trayectoria mucho más dilatada en Europa que
el PSG, se deje remontar, aunque el marcador sea más corto. El ADN italiano es
un seguro de vida ante este tipo de situaciones y se presume poco menos que
imposible que se repita la misma película que ante el equipo de Unai Emery. Porque
la historia de los equipos transalpinos es por todos conocida: Nacidos para
defender.

La mejor de las noticias, el resultado, porque pudo ser
peor. Luis Enrique sorprendió incluyendo de nuevo en el once a Mathieu tras el
desastre de Málaga, esta vez de central izquierdo en disposición defensiva, y
carrilero zurdo en ataque. Mascherano sustituyó a Sergio Busquets como pivote y
la electricidad de Dybala dejó retratado a su paisano argentino.

Ya desde el minuto dos, Higuaín avisó con un remate de
cabeza frontal, imponiéndose a todos los antiaéreos de la defensa del Barcelona.
Cuatro minutos más tarde, Dybala asestó el primer golpe a su rival,
aprovechando la pasividad de la defensa del conjunto catalán. Cuadrado encaró al
desamparado y desbordado Mathieu. El extremo colombiano asistió al argentino,
que marcado con la mirada por Neymar, Iniesta y Piqué, se revolvió para, con la
pierna izquierda a la media vuelta, colocar el cuero en el palo largo de Ter
Stegen.

El Barcelona buscó asomarse al área de una Juventus que se
tomó unos instantes de respiro tras varios minutos de incesante presión sobre
el área culé. Ahí, Andrés Iniesta tuvo la oportunidad de cambiar el guión
cuando Messi buscó al capitán del Barça en profundidad. El manchego buscó
definir de primeras con el interior del pie derecho, pero Buffón se hizo grande
para salvar el mano a mano. Del posible 1-1 al 2-0, cuando instantes después,
la Juve armó un contraataque letal conducido por Mario Mandzukic desde el
flanco izquierdo. El croata se llevó puesto a Sergi Roberto, al que ganó por
velocidad para asistir a un “abandonado” Dybala, que apareció solo en la
frontal del área ante la pasividad intolerable de un superado Mascherano. El
argentino pudo ver desde una posición privilegiada como su compañero de la
albiceleste clavaba el cuero en el fondo de las mallas. El ex del Palermo no se
lo pensó y golpeó el balón con el interior del pie izquierdo, con rosca hacia
el palo corto de Ter Stegen. Definición en verso y error de Ter Stegen en prosa,
que pudo hacer más para detener el chut.

Tras un sonrojante primer asalto, Luis Enrique aplicó un
cambio que a la postre resultó absolutamente ineficaz: Mathieu salió, André
Gomes entró. Y si en la primera parte, el balón aéreo era el único argumento de
peso para sostener al defensa francés en la zaga, llegó Chielini para
aprovecharse de la ausencia del ex del Valencia a la salida de un corner. Envío
al segundo palo de Dybala, y el central italiano superó por alto a Mascherano
para cruzar de cabeza el remate al palo largo de la puerta de Ter Stegen.

Sin noticias ni atisbos de alguna reacción de Luis Enrique
desde el banquillo, tuvo al único jugador vertical de la convocatoria
calentando durante cuarenta y cinco minutos en la banda: Jordi Alba.

Al final 3-0 y pudo ser peor. El árbitro anuló de forma
incorrecta un gol de Cuadrado por fuera de juego inexistente de Khedira.

La Juve poco a poco se fue conformando con el resultado a
pesar de oler sangre y fue reculando. Allegri echó el cerrojo al partido
quitando a Dybala a Cuadrado y a un excelente Pjanic para meter a Lemina, Rincón
y Barzagli. El Barcelona, como todo el encuentro, apenas hizo cosquillas a su
rival. Y lo fácil puede ser repartir culpas entre Mascherano, Mathieu, André
Gomes…pero otro día más, el partido de Messi y Neymar, como en Málaga, fue una
absoluta calamidad. Y a pesar del impresentable partido del conjunto de Luis
Enrique, las desvergüenzas del equipo culé se ven aireadas por el superlativo
nivel de la Juventus. Paradójicamente, Dani Alves brilló con luz propia ante un
equipo que no quiso renovarle para, meses después, quedarse sin laterales
diestros y ver en primera persona lo que ha dejado escapar. La venganza es un
plato que se sirve muy frío.

Doble o nada, ahora toca volver a remontar. A obrar la más difícil
hazaña. Los milagros existen, pero hasta un límite. No queda tiempo para que el
equipo coja oxígeno para volver a afrontar el partido de vuelta y recuperarse
de un descalabro que, ahora sí, se antoja insalvable. 

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