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Sergio Ramos lo ha vuelto a hacer. Es infinito, inmortal. Algo
que empezó en 2014 en Lisboa como una gesta puntual para dar la décima copa de
Europa al Real Madrid, lleva camino de convertirse en una leyenda inmortal para
la historia. De los 22 goles que ha anotado desde ese día, 19 han sido con su
equipo empatando o por debajo en el marcador. Desde entonces han transcurrido
multitud de encuentros y en muchos de ellos, la fe del capitán del Real Madrid
ha camuflado las carencias de futbol del conjunto blanco. Contra el Betis, volvió
a ser así. Victoria por 2-1 que le vuelve a colocar a la cabeza de la tabla,
pero con malas sensaciones.

Antes de ese minuto 80 donde Ramos marcó el gol de cabeza el
tanto de la victoria, habían transcurrido multitud de situaciones que
mantuvieron intranquila a la parroquia del Bernabéu. Zidane introdujo varias
novedades en el once: Morata, James e Isco volvieron a la titularidad, y
descansaron Casemiro, Benzemá y Bale (que estaba sancionado).

Durante los primeros minutos, sabiendo que su rival por la
liga, el Barça, había perdido en Riazor, el Real Madrid salió en tromba a por
el Betis. Los verdiblancos se encerraron atrás sin poder oler el balón, movido
con criterio por los centrocampistas. Pero el equipo de Zidane se fue haciendo
largo y los sevillanos fueron sintiéndose mucho más cómodos sobre el césped.

El primer susto para el Bernabéu lo dio Keylor Navas. Balón
largo de Sanabria buscando a Brasanac en el balcón del área blanca. El
costarricense salió impreciso e impactó sobre el serbio en lo que fue una falta
que vio todo el mundo, y que el árbitro Mateu Lahoz no consideró como tal. Esa
jugada habría supuesto la expulsión de Keylor. Una semana más, el estilo
innovador del árbitro valenciano por dejar jugar, en ocasiones le llevó a la
arbitrariedad.

Ese primer error de Navas fue una precuela de otro mucho más
grosero que le costó un gol en contra al Real Madrid. Sanabria remató, Keylor
intentó atajar, y se terminó introduciendo el balón en su propia portería. Una
jugada que avivará el debate de la portería, y más después de la pitada que
recibió el guardameta tras su fallo.

El Betis reculó, el Real Madrid reaccionó y Marcelo se sacó
un centro teledirigido a la cabeza de Cristiano que remató sin oposición para
empatar el partido antes del descanso, haciendo el primer gol del encuentro
para los blancos. Morata se llevó a dos de los tres centrales con él,
habilitando al luso para rematar con absoluta comodidad. Octava asistencia del
brasileño para que el portugués marcara su decimonovena diana en lo que va de
liga y para igualar a Di Stefano en la cifra de 210 tantos anotados en el
Bernabéu con la camiseta del Madrid.

Tras el descanso, los blancos no cambiaron la línea de la
primera parte y siguieron poco compactos, buscando el segundo gol pero sin
penetrar en el entramado defensivo del rival creado por Víctor. El Betis tuvo
varias llegadas con peligro hasta que llegaron los cambios. Petros sustituyó a
Rubén Castro, y el equipo verdiblanco creció en la presión, incomodando la
salida de balón del Real Madrid. Zidane introdujo a Lucas y a Benzemá y de
nuevo, recuperó el dominio del juego. La expulsión de Pizzini dejó al Betis con
un jugador menos, y obligó al equipo bético a conformarse con aguantar el
empate como si fuera un tesoro. Y como siempre, apareció Sergio Ramos para
rematar un centro de Kroos a la salida de un corner para adelantar al Real
Madrid. Esa asistencia fue de lo poco positivo a destacar de la gris actuación
del alemán.

2-1, líderes y con las mismas dudas de siempre con respecto
a su futbol.

Por la falta de recursos en ataque y por la fragilidad en
defensa. El Betis murió en el área del Madrid y de no ser por una parada
espectacular de Keylor para redimirse de sus errores, el curso del encuentro
habría sido distinto. La grada, que pitó a Navas durante el partido, coreó su
nombre, sabedores de que la mano del tico había salvado a su equipo

Que los árboles no impidan ver el bosque. El Betis estuvo
sensacional y el Madrid volvió a jugar en el alambre. Esta vez a Zidane no le
queda ni el recurso de esconderse en la presencia o no de la BBC. El equipo
sigue jugando a ratos y no resuelve los encuentros con solvencia. En una semana
donde se volverá a hablar de árbitros, el debate del tridente seguirá vivo, al
igual que el de la portería.