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El Madrid pierde el liderato, pero
no la fe. Ya no es líder de la liga, pero es el único equipo del mundo que
cuando parece estar muerto, resucita de la nada. Independientemente de que el
rival haya tenido la oportunidad de ensañarse con él, que el árbitro le haya
perjudicado o que tácticamente sea un absoluto desastre. Da igual. El Real
Madrid es inmortal.

Todo ello en un partido que fue una
absoluta locura, una sucesión de acontecimientos que convirtieron el encuentro
en un bendito caos para el espectador. La UD Las Palmas fue un terremoto de fútbol:
Le quitó el balón a su rival ante la inoperancia de un pasivo Zidane, incapaz
de frenar el aluvión de juego de los amarillos. Y entre medias, seis goles en
total, tres tantos invalidados a Morata por fuera de juego (dos de ellos mal
anulados), una enajenación mental transitoria de Bale que terminó con él
expulsado y una remontada postrera gracias a los goles de Cristiano Ronaldo.

El
primer tanto del encuentro llegó en el minuto siete de las botas del jugador más
en forma del Real Madrid: Isco, que recibió un pase magistal de Kovacic entre
líneas. El malagueño se quedó solo ante Javi Varas gracias a un magnifico
desmarque para definir con finura y elegancia.

Un
primer aviso que encendió a Las Palmas y apagó a un Real Madrid. Dos minutos
después, jugada de toque culminada con una maniobra espectacular de Tana, marchándose
de un desconocido Sergio Ramos, que dejó pasar al jugador canario, y que en el
mano a mano, definió con potencia a la izquierda de Keylor Navas. Los de Setién,
con la tranquilidad del marcador igualado, lograron apoderarse de la posesión y
el mando del partido, ante la incapacidad para recuperarlo del equipo blanco. El
Madrid perseguía sombras. Roque, Tana, Vicente y Jonathan Viera pusieron el
criterio y la fantasía, con una clamorosa superioridad numérica en el centro
del campo, donde el Madrid hacía aguas. En ataque, Boateng y Jesé apretaron a
una frágil defensa y sembraron el pánico en la retaguardia del Madrid.  

En el segundo tiempo, y con el
1-1, un habitualmente tranquilo Bale dinamitó el partido con su auto-expulsión:
Patada por detrás a Viera, enganchón entre el galés y el canario, empujón del
jugador del Madrid al de Las Palmas y a la calle. Expulsión tan clara y estúpida
como innecesaria.

Una decisión arbitral que encendió
al Bernabeu y desquició a los jugadores del Real Madrid. El encuentro entró en
una espiral de locura; una ruleta rusa donde los de Zidane salieron mal
parados. Sergio Ramos volvió a equivocarse cometiendo un penalti claro por mano
dentro del área que Jonathan Viera convirtió en el 1-2. Tocaba apelar como de
costumbre al espíritu del minuto 93.

Pero sin apenas tiempo para
reaccionar, el Real Madrid tocó fondo. Un balón largo dirigido a Boateng por
encima de un indolente Marcelo, situó al delantero ghanés placidamente en el
mano a mano ante Keylor Navas. El costarricense salió de forma imprudente a
tapar a Boateng, quién con calma y a puerta vacía, definió para hacer el
tercero. El Bernabeu la tomó con el inseguro guardameta de forma mayoritaria y
los últimos minutos del partido se antojaban un suplicio para la parroquia
merengue. Las Palmas, a la contra, pudo sentenciar el encuentro. Jesé tuvo el
destino de su ex equipo en las botas pero les perdonó la vida
incomprensiblemente hasta en tres ocasiones. Keylor Navas resurgió de entre los
abucheos para mantener a los suyos en el alambre.

Zidane, desbordado, buscó la
reacción del equipo dando entrada a Lucas Vázquez, James y Benzemá. Y cuando
parecía que el Madrid estaba muerto, en el minuto 85, unas manos de Dani
Castellano en el área dieron a Cristiano Ronaldo la opción de acortar
distancias. Desde los once metros, puso la pelota en la escuadra para hacer
revivir a su equipo. Cuatro minutos más tarde, James Rodríguez asistió con la
calidad que acostumbra desde el corner a Cristiano para que el jugador luso
rematara de cabeza con violencia para hacer el empate a tres. El portugués
atraviesa un mal estado de  forma, pero
jamás pierde su apetito e instinto depredador de cara al gol.

Empate y gracias. Al Real Madrid
le sobró casta, épica y corazón, pero le faltó fútbol…otra vez. Cuando apelar a
los milagros es la única baza que le queda a un equipo vulgar, que lleva meses
sin un plan definido, es normal que aparezcan dudas. Zidane desprende un aroma
a indecisión alarmante. Y el debate está más vivo que nunca: Keylor Navas ha
sufrido las iras de su público tras una sucesión de desafortunadas actuaciones.
La vocación y fantasía en ataque de Marcelo no le sostiene en el once titular
por su actitud perezosa e inapetente en defensa. Y el 4-3-3 es un lastre táctico.
Un esquema que con estos jugadores, parte al equipo por la mitad y le priva de
ayudas en defensa y de apoyos en el centro del campo. La historia reciente
muestra el camino al Real Madrid, donde el 4-4-2 siempre generó mucho más
equilibrio.

En el día que Luis Enrique anunció
su adiós, la ventaja de la que disponía el Real Madrid sobre el Barcelona se ha
desvanecido. El equipo ha perdido el liderato, pero pudo ser peor. No encuentra
su juego y los milagros no son eternos. Incluso, aún siendo una verdad
indiscutible que Borbalán perjudicó al Real Madrid, sería una injusticia
argumentarlo para excusar el pinchazo. Sería desmerecer la lección de balompié que
dio la escuadra de Quique Setién, que se marcharon de vuelta a las islas con el
amargor de pensar que merecieron ganar por primera vez en su historia en el feudo
madridista y que no pudo ser por repetirse el mismo guión de siempre en el
Bernabéu: La épica salvó a los blancos, pero no lo suficiente para evitar despeñarse
del primer puesto de la tabla.