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El conjunto azulgrana a día de hoy es un gigante con pies de barro. Un equipo con
mucha pegada, pero al que le hacen daño como hacía mucho que no ocurría. Los
resultados y los goles de Suárez, Messi y Neymar en múltiples ocasiones han
tapado las carencias de un equipo que no jugaba bien, al que le llegaban al área
con bastante frecuencia. Cuando no aparecen los tres jugadores más
determinantes, el Barcelona es una caricatura. En el Parque de los Príncipes se
echó de menos algo más que a la MSN: Faltó actitud, poderío físico, carácter…y
sobre todo, futbol. El Barça terminó ahorcado por la presión del PSG, mucho más
intenso y sacrificado… Previsible, indolente y sin alternativas en el banquillo
para los once titulares, que mostraron un paupérrimo nivel, a excepción de
Neymar y Ter Stegen (que de no ser por el portero alemán, el sonrojo hubiera
sido mayor).

El Barcelona solo pudo tirar dos veces a portería por diez
del PSG. Presión adelantada, trabajo y sacrificio sin balón, con un entramado táctico
diseñado por el “Catedrático” y siempre activo, animando desde la banda, Unai
Emery. Su juego vertical, vertiginoso y con combinaciones rápidas con el balón enamoran
al viejo continente en San Valentín, presentando así su candidatura a la
Champions y sacando del circuito a un mediocre Barça.

Di María abrió la lata tras un primer cuarto de hora
magistral del equipo parisino, con un libre directo. Draxler, asistido por
Verratti, marcó el segundo tras una contra fulgurante cuando mejor parecía
estar el Barça. El descanso no sirvió para levantar los ánimos, más bien lo
contrario. El PSG salió mucho más enchufado y Di María, tras una conducción
letal por el centro, definió desde la frontal, ajustando el cuero a la escuadra
de Ter Stegen. Tras sesenta minutos, el jugador argentino fue sustituido por
Lucas Moura. El “fideo” salió ovacionado por la grada del Parque de los Príncipes.
Qué mejor manera de celebrar su cumpleaños que anotando dos goles y recibiendo
el reconocimiento de su hinchada.

Otro que cumplía años era el delantero uruguayo Edinson
Cavani. El charrúa fue el ejemplo de la culminación de un trabajo excelso con
el premio del gol. Meunier condujo el balón desde su propio campo, se plantó en
la frontal, asistió al “Malani” y con un latigazo dirigido al palo corto de Ter
Stegen, puso la sentencia.

Con el 4-0, Luis Enrique dio entrada a Rakitic y la sangría
blaugrana fue cortada de raíz. A partir de ahí, el París Saint Germain reculó,
buscó otro contragolpe para hacer el quinto mientras el Barça buscaba un gol
para la esperanza, que a punto estuvo de llegar si el poste no hubiera evitado
que Umtití marcase el tanto del honor.

Matuidí y Rabiot, junto a Verratti, fueron un autentico pulmón
de oxígeno, clave en la lucha por los duelos con balón dividido. Cavani, Di
María y Draxler dieron una lección de futbol ofensivo ante un equipo cuyo
bagaje defensivo dejó mucho que desear. Sergi Roberto ha perdido brillo en el
lateral derecho, Umtití comete fallos pueriles y a Jordi Alba, en el dos para
uno, si no tiene ayudas, se ve superado, como así ocurrió con las internadas de
Meunier y Di María. André Gomes dimitió hace mucho tiempo de un equipo que le
queda grande, Iniesta pagó el esfuerzo tras varias semanas parado por lesión y
Messi, super héroe en otras ocasiones, no logró aparecer para salvar a su
equipo otra vez.

El Barcelona ha perdido de forma humillante el encuentro más
importante de la temporada, pero quién sabe si no ha podido perder algo más.