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Declarado el estado de felicidad en el Calderón. Tras el parón
por selecciones, el Atlético de Madrid se presentaba con bajas al partido, pero
solo una de ellas afectaba a un teórico titular, Saúl. En su lugar entró
Correa, que cuajó una actuación estelar.

Enfrente, el Granada, asolado por las bajas, con un
entrenador nuevo, Lucas Alcaraz, buscaba el premio de poder sumar puntos en un
estadio Vicente Calderón donde solo el Deportivo Alavés ha logrado hacerlo esta
temporada. El estadio colchonero estaba de fiesta en el día de las peñas, donde
se celebró los 50 años de vida del coliseo rojiblanco, regalando banderas a
todos los aficionados allí presentes para enarbolarlas cuando salieran los 22
protagonistas al tapete verde del Manzanares.

Empezó el partido, y a pesar de tener la estadística en
contra, el conjunto nazarí arrancó el encuentro con mucha intensidad, haciéndose
con el control del juego. Aunque sí es cierto que ni colchoneros ni granadinos
se acercaban a portería, el Granada daba mayor sensación de peligro. Sin
embargo, en el primer tiro a puerta del partido, Isaac Cuenca abrió la lata con
un gol espectacular, de volea desde el balcón del área, para ponerla donde no
llegan los porteros: Pegado al palo izquierdo, a una altura próxima a la
escuadra.

El gol activó al Atlético, que empezó a llevar la batuta. Más
electricidad, con internadas de Juanfran por la banda derecha, donde el
argentino Correa partía de inicio, pero que su tendencia a ocupar la línea de
tres cuartos, dejaba el carril completo al lateral de Ontinyent para que
buscara centros al área. Y cuando el Granada se encontró completamente
embotellado, una jugada embarullada con varios disparos y rechaces concluiría
con el gol del empate. Carrasco chutó con violencia un balón que quedó muerto
dentro del área para no dar opción a Ochoa de pararlo. El belga inauguró el
marcador del Atlético de Madrid y el monólogo rojiblanco continuaría hasta el
final del primer tiempo donde, de nuevo Carrasco, con un chut bajo, desviado
por un defensor del Granada, acabaría entrando con cierta fortuna en la portería
del guardameta mexicano del conjunto nazarí.

Tras el descanso, la dinámica general la primera parte se
mantuvo, con un Atlético de Madrid dominante y un Granada parapetado en
defensa. Los de Alcaraz mantuvieron el tipo y se sacudieron el dominio de los
colchoneros. Y cuando parecía que los de Simeone daban una tregua al conjunto
nazarí, Carrasco sentenció el encuentro con una exquisita definición para
anotar su primer Hattrick como profesional y como primer belga de la historia
de la liga. Y apenas dos minutos más tarde, Nico Gaitán, cuando no llevaba ni
un minuto en el césped del Calderón, empujó el esférico en el segundo palo tras
una prolongación de Correa con la puntera.

El Atlético destapó el tarro de las esencias y el aluvión de
futbol, con jugadores ultra ofensivos en la segunda parte, se convirtió en una
apisonadora futbolística. Sin embargo la fiesta no terminaría ahí, ya que Gaitán
volvería a repetir, definiendo a las mil maravillas ajustando al palo corto de
la portería de Ochoa, un balón absolutamente imparable. Y después Correa, para
ponerle la guinda a una actuación individual muy buena, marcó un excelente
tanto desde la frontal del área que se coló raso e incontestablemente en la
meta de Ochoa.

Incluso Tiago tuvo su momento de gloria tras pasar la
temporada pasada un calvario por su lesión. Una jugada individual vertiginosa
de Carrasco servía para asistir al portugués que colocó el balón en la escuadra
desde las inmediaciones del área pequeña. Así se puso el colofón de una fiesta
del balompié en el Vicente Calderón.

Ya pensando en el compromiso de Champions el miércoles a las
20:45 ante el Rostov, el Atlético se consolida como líder y como un equipo en
constante evolución. Atrás queda la táctica de jugar con cuatro medio centros.
Atrás queda el no querer el balón y contemporizar. Ya nadie puede dudar de que
este Atleti tiene mucho futbol y que es candidato firme a ganar todos los títulos.