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17 segundos. Eso es lo que necesitó el Sevilla para ganar la quinta Europa League de su historia, la tercera de forma consecutiva. Ese el tiempo que tardó Kevin Gameiro en igualar, tras el descanso, una final que se había convertido en una utopía después de que una genialidad de Sturridge pusiera por delante en el marcador al Liverpool.

El conjunto de Jurgen Klopp barrió en la primera parte a los de Unai Emery. El alemán ha sabido dotar de mordiente a un equipo inglés, insuflando el instinto asesino germano tan típico de equipos de ese país. Lo mejor para el Sevilla fue que llegara el descanso porque tanto Firmino como Coutinho se convirtieron en dolores de cabeza para la zaga del Nervión.

El partido cambió por completo con ese gol de Gameiro, tras una gran jugada personal de Mariano, nada más comenzar la reanudación. El Sevilla, con el aliento de una afición entregada, se activó en todas la líneas y el Liverpool, cual boxeador, quedó K.O. en busca de un antídoto que le diera reacción para volver a la vida.

Los de Emery siguieron atacando la meta de Mignolet, quien evitó en varias ocasiones el doblete del delantero francés, inexplicablemente olvidado por Deschamps en la Eurocopa. El Sevilla insistía y en esa perseverancia terminó encontrando el premio.

Coke, disfrazado de goleador en Basilea, puso por delante en el marcador a los sevillistas tras una gran jugada de Vitolo y Banega. Minutos más tarde, el lateral madrileño, que mostró ayer su faceta de pichichi, puso la guinda en una acción aislada que protestó el Liverpool por posible fuera de juego con el 3-1 definitivo con el que se cerró el marcador.