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La fe se puede tener en muchas cosas. Hay personas que creen en algún Dios y otras en su equipo de fútbol. Sacan sus billetes para viajar a las finales sin que ni si quiera hayan llegado a los cuartos porque confía. Sufren por ellos y obtienen su recompensa algunas veces. Es el caso de muchos atléticos y madridistas que decidieron comprar su vuelo y hotel a Milán muchos meses antes de conocer si llegaría o no a jugar la final de la Champions

Parecía que todo estaba hecho. Un billete avión y una habitación de hotel a muy bajo precio, nada en comparación con los costes de hoy en día para esas fechas en las que la ciudad italiana espera estar plagada de españoles. Las empresas aprovechan la afluencia de gente para inflar sus ofertas, llegando a ser a veces desorbitadas, por lo que hubo quienes aprovecharon para evitar el mal trago a su tarjeta de crédito. Sin embargo, se lo han llevado ellos mismos. 

“Reservé el hotel por Booking en enero, me costó 110 euros la noche del viernes 27 al sábado 28 de mayo. Entré a mirar mi reserva dos días después de que el Atleti se clasificara para la final porque un amigo mío me contó que se la habían cancelado y, efectivamente, a mí también”, cuenta Miguel Ángel Peris, un colaborador de la web 'Esto es Atleti' que ya lo denunció en Twitter hace unos días. 

Pero no es la única persona a la que le ha ocurrido lo mismo. En cuanto lo puso, muchos seguidores atléticos comenzaron a contestarle y a contar lo que les había ocurrido a ellos mismos. Y es que a Miguel Ángel no le dieron ningún tipo de solución, según cuenta, y asegura que la explicación fue que “muchos días antes me habían solicitado que cambiase el método de pago porque mi tarjeta no era válida, así que me habían avisado por correo electrónico para que lo hiciera, pero no tenía ningún mensaje de ellos”

Sin comerlo ni beberlo, muchas personas se han quedado sin absolutamente nada de alojamiento. Y es que, Peris parece no ser el único afectado por un caso similar. En Twitter son muchos los usuarios que han contado su experiencia similar y todos desean denunciar en cuanto se les pregunta por ello. Unos lo reservaron con perspectivas futbolísticas, pero ¿y los que tenían que ir por motivos de trabajo o cualquier otro? 

“Cuando me volví a meter a Booking a coger la misma habitación que a mí me habían cancelado, en el mismo hotel, la tenían por 600 euros la noche”, cuenta el tuitero denunciándolo. Él ha tenido la suerte de encontrar otra en Milán a muy buen precio, en comparación con lo que hay por esas fechas, pero igualmente ha vuelto a reservar reservar el mismo alojamiento con la misma tarjeta que, esta vez, sí que le aceptaron “sin problemas”. “Como tiene cancelación gratuita, lo he hecho con la intención de obligarles a que me respeten el precio anterior y cancelarla los últimos días”, añade. 

Sin embargo, justamente el día que se pone en contacto con nosotros le han pasado el cobro de la habitación de los 600 euros, algo que no entiende porque “en teoría” lo tendría que haber pagado en el hotel o cuando estuviera en él. “Otra cosa que me desorienta bastante”, dice. 

Peris se puso en contacto directamente con Booking para pedirles información, puesto que considera que “ellos son los intermediarios que tienen que velar por los intereses de los usuarios”, aunque sus explicaciones no le han servido de mucho. Esta página, en los términos y condiciones de la reserva, aceptamos los derechos de cancelación que se reservan los hoteles y “cualquier otra adicionales (entrega) del establecimiento que puedan afectar a tu reserva o a tu estancia”

Sin embargo, el intermediario es el que deberían hacerse cargo de cualquier problema derivado de la reserva y, por tanto, ponerse en contacto con el hotel para buscar una solución. 

Desde Booking se han puesto en contacto con nosotros para explicar que están “investigando qué es lo que ha pasado con las cancelaciones de los clientes que se han puesto en contacto con el servicio de Atención al Cliente” y aseguran que, de momento, han averiguado que “las cancelaciones las ha realizado un único alojamiento, por lo que se trataría de un caso aislado, de acuerdo con los casos que constan a la compañía (es decir, los clientes afectados que han contactado con Atención al Cliente para que la compañía resolviera la incidencia)”.

La web de alojamientos “está trabajando para resolver las incidencias y restaurar las reservas originales al mismo precio al que fueron hechas”, aunque apuntan a que ellos son “intermediarios” y que “cuando hay una cancelación, el responsable es el alojamiento y no Booking”. Sin embargo, vuelven a reiterar que intentan “resolver las incidencias”

Eduardo Amuedo se encontró con una situación parecida cuando reservó un apartamento a través de Wimdu el pasado 5 de mayo, dos noches por 350 euros, justo después de que el Real Madrid se clasificara para la final de la Champions. “Lo hice a las 20:04 horas, me mandaron la confirmación y, minutos después, me lo cancelan porque dicen que no estaba disponible en esas fechas, que rara vez suele ocurrir y que lo sentían”, cuenta. 

Se volvió a meter en el mismo alojamiento y en la misma página web para ver si podía volverlo a reservar, pero se encontró con que, de repente, eran 500 euros la noche. “Una barbaridad, todo por las nubes”, añade. Finalmente, nos dice que lo más probable sea que vaya en un autobús o alquile un coche con más amigos para no tener que pasar la noche allí. 

El negocio de la final de la Champions no solamente pasa por inflar los precios de forma desorbitada (y vergonzosa) aprovechando el turismo que va a haber esos días en la ciudad italiana. La (re)venta de entradas también está cabreando mucho a los atléticos y madridistas que se están lanzando a denunciar a través de las redes sociales a los socios que intentan hacer caja y llenarse los bolsillos a costa del resto. Lo reportan, lo retuitean, lo que sea con tal de que se sancione a esas personas que no consideran verdaderos aficionados. Y lo están consiguiendo. Es ilegal y, además, poco ético. El fútbol, esa gran pasión que unas veces hace llorar y otras reír, está pasando a ser un lujo que no está al alcance de cualquiera. Menos mal que la ilusión no tiene precio.