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La vida ha sido distinta en los últimos 40 años. Cuatro decenios en los que, salvo algún paréntesis y nunca en la máxima competición continental, la distancia entre los rivales de la capital Real Madrid y Atlético era casi sideral. Insultante. Así, buscar cualquier competición real entre ambos resultaba estéril excepción hecha de 1996, cuando comandados por Radomir Antic los de la ribera del Manzanares consiguieron doblegar en Liga a los de Chamartín. Un oasis en una historia desigual. Por plantilla, presupuestos, resultados directos y títulos, los blancos eran casi siempre mejores.

Pero en la actualidad, muchos niños vuelven a pedir a los Reyes Magos la rojiblanca. Y lo hacen, lo que resulta más conmovedor a la parroquia, pidiendo el rótulo en la espalda de Fernando Torres. Un nombre mágico, pese a todo. El Atlético de Madrid ha vuelto a los setenta, bueno, es mejor que en su década prodigiosa. No sólo compite con el Real Madrid sino que es habitual ver como les ganan. Títulos, como la penúltima Liga, y duelos directos , poniendo una pica en el 'flandes' del Santiago Bernabéu. Por eso la final de Milán se mira con mucho recelo por ambas partes. Será otro duelo histórico en el que el vencedor dejará muy tocado al otro. Y además tendrá al mundo entero por testigo.

El Real Madrid es el equipo que ha comandado la Champions League desde que su denominación es esa, en 1992. Es el rey de copas europeas. El equipo, el club, ha hecho de la 'orejona' su razón de ser. Los blancos cumplen con la historia sólo si suman en Champions. Todo lo demás sabe a poco.  Esa es su grandeza. Y su condena. Y esta temporada tienen mérito. Han convertido un año nefasto en otro que puede ser deslumbrante. Y no sólo por errores ajenos. Vivo en Liga y en la final europea, el Madrid ha vuelto a reclamar foco y a ser un ejército competitivo que convive con el triunfo. En ello tiene mucho que ver la recarga anímica de Zidane -pese a que no sea aún el mejor estratega posible- y la vuelta al sentido común. El de colocar un medio táctico y de contención física en el medio, uno como Casemiro, que equilibra y saca el balón simple. Y hoy el brasileño es muy importante. Por que Kroos y Modric se ocupan más de lo que mejor saben hacer. Facilitar caminos al área. 

Además, otros jugadores discutidos este año como Ramos o Isco parecen haber encontrado las últimas semanas la paz del buen juego con la grada del Santiago Bernabéu. Justo cuando el equipo más los necesitará. Y alguno más, como Lucas Vázquez, se convertido en la reserva espiritual de Valdebebas. Uno de la casa, seco como parecía el caladero de la cantera.

Por que el reto que encaran los blancos es mayúsculo. Enfrentarse al equipo más consistente, táctico y con colmillo más afilado del continente. Y a uno de los más hambrientos de gloria. Si hacemos caso a la historia reciente, el Atlético de Simeone se ha agigantado con el argentino. Son una fuerza de choque. Y están empeñados en honrar la memoria de Luis Aragonés, el icono ausente: ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Sólo hace falta un exorcismo para borrar del horizonte la maldición del 93. Número fatídico. Simeone, Griezmann, Godín, Koke, Oblak y los demás remarán para ello.