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Jugador inclasificable -un 'todocampista' en palabras de Diego Simeone, el entrenador que le ha mostrado la élite del fútbol mundial-, Saúl Ñíguez ya había demostrado calidad táctica, polivalencia, madurez y potencia física sobradamente. Incluso, para jugar de central en Primera con el Rayo Valleano de Paco Jémez. Había quien sólo veía en él un esforzado 'stopper' más, un medio defensivo. Pero a todo lo anterior, esta temporada ha sumado cualidades como una llegada descomunal, calidad técnica y pase como para convertirse en un jugador clave, básico en este Atlético de Madrid del ciclo ganador, probablemente el mejor equipo en la historia de la entidad de la capital de España. Quizá por eso, su representante esté pidiendo un sueldo de estrella en la planta noble del Calderón. Y a buen seguro su renovación sería uno de los mejores fichajes e inversiones de la entidad para el futuro, pero eso es otra historia por escribirse…

La historia que hoy toca es su gol. EL GOL; en mayúsculas… Es verdad que Pep Guardiola tiene algo de razón cuando opina que su defensa y sus medios, de Thiago a Xabi Alonso, pasando por Alaba, estuvieron blandos, algo indolentes, pero la maniobra del chaval de Elche fue para enmarcar. Se fue de cuatro jugadores, despacio, como levitando. Primero aguantó dos o tres achuchones estériles de hispanobrasileño, casi sin decidirse a ir hacia adentro, a la zona de la verdad, la que separa  los buenos de los mejores y fue entonces cuando con un regate seco y dos amagues con la cintura le ofreció la cara al futuro, a la historia y a Manuel Neuer, para muchos el mejor portero del mundo. Y sólo había una posibilidad. Pues allí puso el balón Saúl. Tremendo.

Por eso el gol, su gol, ha merecido elogios e incluso un chiste parafraseando una celebrada serie de la tele. Sí, Atleti, sí… 'Better call Saúl'