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Desde que llegó al Granada a falta de cuatro jornadas para el final del curso pasado, con el equipo casi en Segunda debido a que estaba a seis puntos de la permanencia con sólo doce en juego, el preparador madrileño se ganó a la grada, exponiendo abiertamente su fe en la salvación y tirando una y otra vez de su afirmación torera preferida “puerta grande o enfermería”.

Sandoval cortó orejas y rabo, lo que le sirvió para mantenerse en el cargo y afrontar el mayor reto de su carrera como técnico: entrenar desde el inicio de una temporada a un equipo en crecimiento en la máxima categoría nacional.

Su final ha llegado tras 25 jornadas, en las que el Granada sólo ha podido sumar veinte puntos, lo que le ha llevado a estar actualmente en la cola de la clasificación a cuatro puntos de la permanencia. Con trece jornadas aún por delante, un optimista o un sarcástico diría que la situación es casi idílica si se compara con la que se encontró Sandoval cuando llegó.

Desde que Quique Pina es presidente del Granada el único técnico del que no prescindió antes de que acabara su contrato es de Lucas Alcaraz. Sandoval ha tomado la puerta de salida obligatoria esa que en su día ya abrieron Miguel Ángel Álvarez Tomé, Juan Antonio Anquela, Joaquín Caparrós, Abel Resino y hasta Fabri González, otro icono nazarí tras llevar al equipo de Segunda B a Primera.

Ocupar la última plaza de la clasificación, haber perdido seis de los últimos siete partidos, los cuatro más recientes de forma consecutiva, y ser el equipo más goleado de Primera, habiendo dejado su portería a cero sólo en un encuentro de 25, parecen motivos más que de sobra para el despido de Sandoval.

De hecho, el preparador madrileño ya estuvo a punto de ser destituido hace un mes, tras caer el equipo goleado en Eibar. Entonces lo salvó la gran imagen ofrecida, pese a perder, en bastantes encuentros, sobre todo ante equipos importantes de la Liga, la buena relación que siempre ha mantenido con la plantilla y los propios dirigentes, y ese idilio incondicional con la grada.

Además de los números, en las últimas semanas tampoco han ayudado a la continuidad del técnico su incapacidad para cortar la sangría defensiva del equipo, auténtica lacra y base de casi todos sus males, su inmovilismo para cambiar de jugadores o de sistema cuando venían mal dadas o la poca utilización de algunos de los refuerzos invernales del equipo.

Con todo, en las últimas semanas él ha sido el único que no ha sido objeto de las iras de la grada. Ha habido pintadas contra dirigentes y jugadores, y tras la derrota del pasado domingo contra el Valencia se oyeron gritos pidiendo explicaciones al presidente y se produjeron algunos encontronazos entre los hinchas más radicales y determinados futbolistas.

Pese a su decepcionante papel en esta campaña, Sandoval, sustituido ahora por José González, seguirá siendo siempre un torero para la afición rojiblanca, el héroe que consiguió el milagro de la permanencia en la temporada 2014/15. Su entendible destitución en el Granada es un ejemplo de que los héroes también son despedidos.