Compartir

Javier Villanueva

Breslavia (Polonia), 15 ene (EFE).- La presencia en el banquillo de Dagur Sigurdsson ha devuelto la confianza a la selección alemana, un joven y pujante equipo, que en nada recuerda a día de hoy al grisáceo conjunto que dilapidada partido a partido su prestigio hasta la llegada, hace poco más de un año, del preparador islandés

“Era renovarse o morir. Alemania ha apostado por un entrenador fresco, un técnico joven con ideas nuevas y le está dando muy buenos resultados. Cogió una selección con inmensos problemas y en poco más de un año la ha vuelto a situar entre los equipos que luchan por estar arriba”, señaló el exinternacional español Iker Romero, que trabajó a las órdenes de Sigurdsson en el Füchse Berlín

Una progresión que podría verse interrumpida en el Europeo de Polonia por las importantes bajas con las que Alemania afrontará un torneo en el que no podrá contar con piezas básicas como el extremo Patrick Groetzki, el pivote Patrick Wiencek o el lateral Paul Drux.

Aunque, por encima de todo, la selección alemana deberá sobreponerse a la pérdida por lesión de su gran estrella, el extremo Uwe Gensheimer, el jugador sobre el que se han sustentado las opciones de victoria del conjunto alemán en los últimos años

Bajas que pondrán a prueba el calado de la revolución que ha vivido el conjunto germano desde la llegada de Sigurdsson, empeñado no sólo en rejuvenecer el rostro de la selección, sino en modernizar los anquilosados planteamientos que han regido durante demasiados años el juego del equipo alemán.

Anclada en los éxitos logrados a comienzos de siglo de la mano de Heiner Brand y que tuvieron su punto culminante en la consecución del título mundial en 2007, Alemania no supo adaptar su esquema de juego a los nuevos tiempos, hasta quedar relegada a un papel irrelevante en el concierto internacional.

Una profunda crisis que obligó a la Federación Alemana a recurrir, por tercera vez en su historia, a un técnico extranjero, el islandés Dagur Sigurdsson, en busca del revulsivo capaz de devolver al equipo germano a la cúspide de un deporte, que domina a nivel económico y organizativo.

Apuesta que ya comenzó a dar sus frutos en el pasado Mundial de Catar, donde pudo verse a una selección alemana liberada de viejas ataduras, como la inamovible defensa 6-0, y apostar por sistemas más abiertos destinados a favorecer el juego de contragolpe.

“Siempre le ha gustado defender fuerte y contragolpear. Seguro que es una de las cosas en las que más está trabajando. Defender duro y provocar pérdidas de balón para salir rápido al contraataque tanto directo como en segunda oleada. No va a ser un equipo que vaya a jugar partidos a veinte goles”, explicó Romero.

Una fórmula que la nueva Alemania deberá demostrar que sigue siendo válida en ausencia de Groetzki y Gensheimer, punta de lanza del fulgurante contraataque germano, y que serán reemplazados en Polonia por Tobias Reichmann y el jovencísimo Rune Dahmke.

Y es que la edad no parece ser un impedimento para Sigurdsson, que no ha dudado en otorgar un papel fundamental a jóvenes como los pivotes Hendrik Pekeler y Erik Schmidt, o los laterales Fabien Wiede y Cristian Dissinger, muchos de los cuales debutarán en este Europeo en una gran competición internacional.

Inexperiencia que deberán compensar veteranos como el portero Carsten Lichtlein, que a sus 35 años atraviesa por el mejor momento de su carrera deportiva, o el lateral derecho Steffen Weinhold, la pieza sobre la que pivotará el juego del conjunto alemán en ausencia de Gensheimer.

Una interesante e impredecible mezcla de atrevimiento y madurez que convierte en una incógnita el rendimiento del conjunto alemán en un Europeo, en el que los de Sigurdsson se postulan como el equipo revelación, aunque quizá llegue demasiado pronto para que Alemania pueda volver a pelear por las medallas.EFE