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Tras este 96-87 que bien pudo ser mucho más escandaloso, Pablo Laso ya no tendrá que explicar porqué ficho a Nocioni, Ayón y Rivers esta temporada. Solo deberá remitirse a la semifinal de este viernes de San Isidro en el que su equipo bailó un chotis y mostró hechuras de campeón, pase lo que pase el próximo domingo. Los tres jugadores, criticados y a menudo ausentes de los grandes titulares y carentes de protagonismo -sobre todo los dos últimos- dieron la razón al técnico victoriano sobre los motivos para su contratación. Es verdad. No serán espectaculares, pero cada uno en su papel, son capaces  de defender minando el parqué mientras que en ataque reclaman ya los focos en ausencia de Rudy Fernández y Felipe Reyes, que no se encontraron nunca a gusto. 

El norteamericano K.C Rivers consiguió cinco triples con un solo fallo desde la línea de tres y estuvo rocoso en defensa sobre Goudelock -sobre todo en el segundo cuarto, el de la expliosión y despegue madridista-, mientras que Nocioni estuvo inmenso en su labor de zapa con la estrella rival y jugador más valioso de la presente competición, Nemanja Bjelica. ¿Gustavo Ayón? Un titán en ataque y en defensa, pudo siempre con los hombres más altos del rival otomano que solo pudo resistir en la pintura con un Vesely clarividente en su esfuerzo estéril.

Es por eso que los blancos vuelven a citarse con el Olympiacos en la final de la Euroliga, dos años después del infausto recuerdo de Londres. Por que este viernes lo que ocurrió en el Barclays Bank fue un golpe de autoridad en toda regla. Y luego pasará lo que tenga que pasar. El partido se resolvió en un segundo cuarto memorable mediante la línea de tres puntos y la hiperactividad, lo dicho,  de un Gustavo Ayón embravecido -18 puntos, 7 rebotes 6 asistencias y 3 robos-.

En honor a la verdad hay que decir que el otomano, es un equipo debutante y se le notó presa de la angustia y el nerviosismo en cuanto el cuadro español corrió dos contraataques que pusieron al borde del infarto a Obradovic. Y es que eso, justo, es lo que el preparador que ha ganado 8 títulos continentales con cuatro equipos distintos no quería bajo ningún concepto: Un Madrid desbocado. Pero los de Laso parecen estar plenamente convencidos de recuperar la corona europea veinte años después y tras acumular dos decepciones en las últimas finales. 

Contaron con un porcentaje de tiro demoledor que a muchos les recodó la semi del pasado año contra el Barcelona: 14 triples, plusmarca histórica de la Final Four que pasa a compartir con el Maccabi de 2004. Por eso entre otras cosas, por al fe, la dureza mental y la defensa, el anfitrión retorna al partido decisivo que disputará en casa. En espera de Rudy, Llull, Felipe y Jaycee Carroll, lo de hoy solo puede ser una enorme promesa. 

Y es verdad que durante el primer cuatro los turcos comandados por Vesely y Aaron Jackson, y el griterío atronador de su hinchada -tan numerosa como la de los blancos-  parecieron prometer otro fiasco. Era un espejismo. Obradovic había reservado en el banco a su estrella, cargando de músculo la pintura. Quizá por eso Felipe se cargó con dos faltas muy pronto. Pero nada más poner un pie en cancha, Bielica se encontró una pesadilla en Nocioni que le sacó de quicio y al final terminó con técnica y castigado con cinco faltas.  Pero sí, el club otomano mantuvo el pulso en el primer cuarto, que cerró con ventaja mínima (20-21).

No empezaba fino el anfitrión. Dos faltas rápidas de Felipe Reyes, lo dicho, que no anotó en todo el partido, condenaban al capitán al banquillo y Pablo Laso llamaba a Sergio Rodríguez antes de lo habitual. El canario, en su particular burbuja y ajeno a la hinchada turca, se estrenaba con un triple sobre la bocina, anticipo del aluvión que vendría en el segundo cuarto. La tensión no va con el Chacho. Su partitura es un adagio. Y por dentro, Gustavo Ayón barruntaba que iba a ser su gran noche y se multiplicaba rascando cada rebote, anticipándose a las perrerías de Vesely, incluso corriendo el contraataque. 'Machete' cerró su mejor medio partido desde que viste la camiseta blanca con 16 puntos y 5 rebotes.

Y entonces el Real Madrid recordó que practica el juego más espectacular del continente y decidió que esta vez tocaba acribillar desde el perímetro. Rivers (5/6 en triples), Nocioni, Rodríguez… Todos compraban billete desde la línea de 6,75 y a todos les salía premio, como si hubieran trucado la tómbola. Callaban los turcos en la grada, gritaban los madridistas; los jugadores les habían recordado quién jugaba en casa.

Zeljko Obradovic intentó parar la sangría, pero el juego exterior del Madrid seguía de fiesta y ni el flamante MVP Nemanja Bjelica ni el escurridizo Andrew Goudelock, ni el mejor joven de la competición Bogdan Bogdanovic lograban despegarse de la piel la sensación de inferioridad, no por deméritos propios, sino por imposición de un rival decidido a saldar muchas cuentas pendientes durante este fin de semana.

RELAJACIÓN CON EL CUENTAREVOLUCIONES PUESTO

Por si alguien dudaba del idilio blanco con el perímetro, tres nuevos triples de Llull, Rudy y Carroll nada más salir de vestuarios sellaron una renta máxima de 27 puntos (64-37, min.22) y dejaron la semifinal prácticamente sentenciada. Eran tiros francos que disparaban el contador de asistencias, caso de Llull (9), el 'Chacho' (7) e incluso Ayón, que se apuntaba a un bombardeo.

Pero los chicos de Obradovic, espoleados por los gritos de su técnico aprovecharon que al anfitrión levantó el pie del acelerador para apuntarse un parcial de 3-16 y recortar la desventaja a la mitad (67-53, min.27). Quizá fuera un ejercicio de responsabilidad. Guardarse fñisico para el domingo. Eso parecía: Que el Real Madrid acabó amargado el año pasado y harto de jugar bien para fallar en los momentos culminantes. Si hace falta gasolina en la final ante el Olimpiakos, los de Laso hicieron con Fenerbahce en los últimos minutos una faena de aliño conservador. En cualquier caso, el Real Madrid cortó el conato de remontada.

El último cuarto se enturbió con las tradicionales cuitas de Rudy Fernández y las antideportivas a Bjelica y Preldzic, dejando un balance final de cinco jugadores eliminados. El Fenerbahce, que no se rindió nunca, mostró orgullo, pero la fosa a la que le habían arrojado era demasiado profunda y el arranque torero no dio para más (92-82, min.38). Si los blancos juegan así y se encuentran con un mejor Rudy y sobre todo un Felipe como nos tiene acostumbrados, Spanoulis y compañía puede que lloren ríos. Puede…