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Dicen que no se presiona igual, que cada balón ya no es la guerra. Eso aún está por ver. Lo que es seguro es que Raúl Jiménez, el nuevo delantero mexicano fichado por el Atlético ya está señalado pro la grada. Lo estaba, incluso, antes de firmar, cuando se filtró la tontería aquella de que era hincha del Real Madrid. El caso es que la grada no le ve con buen ojo y al chico se le ve ansioso por querer hacer amigos. No lo tendrá fácil porque tampoco está acertando con el balón en los pies. 

Queda tocada también una defensa que ya no parece ese muro granítico e inexpugnable. No. Este año ya lleva algunos despistes de los gordos. De aquellos que se cuentan por goles porque nadie corrige. Y de aquí, el pinchazo con los gallegos que significan, en las cuentas de equipo grande y candidato a disputar el título, dos puntos menos. 

El Celta arrancó su punto gracias a la notable actuación de Sergio Álvarez, portero celeste, que realizó varias paradas providenciales cuando el encuentro se encontraba ya con empate a dos. Antes el partido empezó muy raro, porque extraño es que algún equipo se adelante a los locales en el Calderón. Y parece que hasta los del Cholo no se lo creyeran.  Pablo Hernández  adelantó a los vigueses con un soberbio tanto de espuela pero Miranda y Godín dieron la vuelta al electrónico antes del descanso interpretando a la perfección el seguro del vida colchoner, que hoy no lo fue tanto: el balón parado.

Por segundo partido consecutivo, el Atleti atacó bien, defendió mal y se llevó un disgusto. Es verdad que el Atleti llegó sin parar, hasta 20 ocasiones se pudieron contar, pero si el año pasado con Costa, de media ocasión se hacían dos goles, este ejercicio ha llegado con sequía. 

El tanto de Nolito de penalti, al comienzo del segundo acto, en una acción extraña por errática de Miranda, obligó al Atleti a una segunda remontada que mereció por ocasiones, pero Sergio estuvo ahí para evitarlo