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Ni Italia ni Austria, este año el Mundial de Fórmula 1 se corre siempre en Alemania, en casa de la escudería Mercedes. El circuito de Austria se estrenaba esta temporada y su nombre, Red Bull Ring, parecía que iba a ser un terreno hostil para el monopolio de Nico Rosberg y Lewis Hamilton. Y así fue, pero únicamente en la clasificación. La carrera fue otro mundo, o mejor dicho, el cuento de siempre.

Nuevo doblete de los Mercedes y séptima victoria de ocho citas mundialistas. Lo ocurrido hace quince días en Canadá, con Ricciardo en lo más alto del podio, fue un simple espejismo. En este deporte existen las sorpresas, pero que fallen las balas plateadas se considera un cataclismo que en Austria no se dio.

Dominaron los pilotos de Totto Wolff, aunque no tanto como en otras ocasiones. Aquí los Williams dieron el máximo, pero solo sirvieron para animar la pelea por el triunfo en ciertos tramos de la carrera. Al final, en las vueltas que se parte el bacalao, lucharon los de siempre. Rosberg le puso el cascabel al gato y Hamilton le escoltó en el podio. El invitado de honor en esta ocasión fue Bottas.

Para Fernando Alonso tampoco cambia el cuento o siendo más certero, la pesadilla. Ferrari no da con la tecla y el asturiano no puede luchar por los objetivos que debería. Hace unas carreras, una victoria parecía misión imposible. Ahora, ni el podio es una meta realista para el F14T. En Austria, Alonso vio la bandera a cuadros en quinta posición, una vez más.

Pese a no ser una posición soñada, el piloto español no fue el peor parado. Sebastian Vettel volvió a ver el final de carrera por televisión. Su Red Bull, aunque corría en casa, le dejo tirado en las primeras de cambio. Lo que el año pasado estaba reservado siempre para Webber, este año lo soporta el vigente campeón del mundo.