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En la investigación y consiguiente juicio contra Bernie Eccletone, el plenipotenciario dueño de la Formula 1, Gerhard Gribkowsky, ya condenado por tomar el dinero, habría declarado que recibió pagos para que una empresa apoyada por Eccletone pudiera comprar una potente participación en la F1.

Ecclestone negó el soborno, alegando que había sido víctima de un chantaje, pero si fuera hallado culpable, el jefe de la F1 podría enfrentarse a una pena de cárcel de 10 años y el fin de un dominio de la competición automovilística de décadas de duración. 

Y es que Gribkowsky , el principal testigo de la acusación, afirma que él fue contactado por primera vez por Ecclestone en Singapur: “Me puso una zanahoria delante. Y no pudo resistirme”, dijo a la corte en Munich. Con todo, el testigo no fue nada claro acerca de lo que se esperaba a cambio del pago

Los fiscales dicen que Ecclestone sobornó a Gribkowsky, miembro de la junta de Bayern Landesbank, para asegurarse de que una participación en la F1 fue vendida a un grupo de capital privado elegido por él mismo. Aseguran que al cerrar la venta de la participación a la empresa favorecida por el anciano propietario de la F1, todo el poder sobre sus derechos comerciales, pagos por radiofusión y contratos de patrocinio serían un coto privado del británico. 

Ecclestone afirma en cambio que el pago era dinero por su silencio, entregado a Gribkowsky tras un chantaje, ya que éste había amenazado con hacer afirmaciones falsas sobre el estado fiscal del jefe de la F1. Gribkowsky admitió efectivamente difundir rumores, pero insiste en que no era culpable de chantaje: “No soy un extorsionador”, dijo a la corte.