jueves, 24 septiembre 2020 20:19

Mundial de Brasil 2014: La muerte de un bailarín desnuda la inseguridad de Río de Janeiro

La mecha se encendió con la muerte del bailarín Douglas Pereira, el pasado lunes. Este joven de 25 años, miembro de un grupo de danza de un popular programa de televisión, falleció en la noche del lunes tras una persecución policial.  Desde entonces, con protestas sobre un presunto asesinato a manos de la propia policía, lo ocurrido desnuda la inseguridad de Río de Janeiro y de las principales urbes brasileñas antes del Mundial. 

Y es que los vecinos aseguran que el joven tenía lesiones en diferentes partes del cuerpo y una herida provocada por arma de fuego, el informe preliminar del Instituto de Medicina Legal indica que el bailarín murió como consecuencia de una “hemorragia interna” provocada por una “laceración pulmonar”, al parecer causada por un golpe en el tórax con un objeto contundente. La policía alega que la herida es propia de caídas desde una altura considerable, pero los habitantes de Pavão-Pavãozinho aseguran que testigos vieron a agentes golpeando al joven tras haberlo confundido con un narcotraficante. “No se cayó del muro. Estaba muy golpeado, con marcas de golpes en la espalda y las costillas”, afirmaron algunos vecinos de la favela.

El comandante de las Unidades de Policía Pacificadora ha asegurado que ordenó una exhaustiva investigación para determinar si el bailarín murió en la operación policial y pidió que los habitantes de la región aguarden el resultado para saber lo ocurrido. Pero nada parece calmar lo ánimos.

LA VIOLENCIA SE RECRUDECE

Este jueves los disturbios se recrudecieron. Fuerzas de seguridad lanzaron bombas de gas contra un grupo de manifestantes que volvían del entierro del bailarín. La confusión generó el cierre de calles y comercios en el emblemático barrio carioca durante la tarde.

Es verdad que la inseguridad y la violencia conviven desde antiguo en estos barrios periféricos de la principal ciudad 'futbolera' del país, pero los expertos creen que ha hecho tambalearse de un modo especial la idea de que la ciudad es hoy un lugar más seguro que hace unos años. “Esa imagen se viene un poco abajo cuando en mitad de Copacabana tenemos muertes, manifestaciones, destrozos, gente que no puede salir a la calle”, contó Ignacio Cano, un sociólogo del laboratorio de análisis de la violencia en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) a BBC Mundo

Todo esto ocurre en una ciudad que está llamada a recibir siete partidos del Mundial, incluida la final el 13 de julio. La situación es tan delicada que el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, negó este jueves que la mayor competición futbolística del planeta esté “en peligro” por la violencia en Río.  “Recibí mensajes de varias personas preguntando si había alguna guerra civil en Brasil por estas cuestiones en Río. Respondí que no. A veces un minuto de exposición muestra un lado que ni siempre corresponde con la realidad”, afirmó Valcke de visita a la ciudad brasileña de Fortaleza, otra sede mundialista.
“Creemos que la violencia no va a llegar a la Copa del Mundo”, sostuvo.