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El Barça de Gerardo 'Tata' Martino superó el mejor inicio liguero de la 'era Guardiola' (5-0 al Villarreal en la temporada 2011-12) y de la etapa de Tito Vilanova (5-1 a la Real Sociedad en al curso 2012-13). Pero más allá de la escandalosa goleada al Levante, un 7-0 que pudo ser una docena tras acabar 6-0 la primera parte, los jugadores se marcharon a casa seguros de que el Barça ha recuperado aquello que le hacía ser un equipo diferente no hace tanto: la recuperación de balones en campo contrario, la presión avanzada al rival, las combinaciones vertiginosas en zona de peligro y ese punto de verticalidad en busca del gol, en contra de la antigua y empalagosa horizontalidad en la cercanía del área.

Por extraño que parezca, comparando las encuestas realizadas a los aficionados por las cadenas de televisión a la salida del estadio con las declaraciones de los futbolistas, se puede afirmar que hay más euforia en el vestuario que fuera de él. Los seguidores llevan meses intuyendo la temida cuesta abajo tras aquella dolorosa semifinal de la Liga de Campeones contra el Bayern de Múnich. Mentalmente no estaban preparados para el regreso repentino de la excelencia. Y se lo toman con calma. Quieren esperar a ver qué ocurre en el primer partido serio, la ida de la Supercopa española, en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid.

Los jugadores, en cambio, están disfrutando tanto que incluso los más veteranos y experimentados no han sabido medir sus palabras. «El año pasado entrenamos poco tácticamente cuando se fue Tito. Se perdieron los automatismos», manifestó Xavi el domingo tras el estreno liguero, un comentario que no dejó bien a Jordi Roura ni al resto de ayudantes que intentaron suplir como pudieron la enfermedad de Vilanova. Aunque si el capitán culé, en su 15 aniversario del debut oficial en el primer equipo del Barça, analiza sus palabras llegará a la conclusión de que los pesos pesados del vestuario entre los que él se incluye se merecen un 'palo' si realmente fueron incapaces de darle la vuelta a esa presunta dejadez en los entrenamientos.

Tata Martino se restó méritos por el cambio. «La presión ya estaba», manifestó, y añadió que «el equipo no ha hecho nada que no supiera hacer, de lo que se trata es de mantenerla el máximo de tiempo posible. Yo no quiero un Barça modelado por Tata Martino. Yo ya era un enamorado de los conceptos del Barça antes de venir, solo es que algunos conceptos se olvidaron o se dejaron de hacer». Y explicó que «lo que quiero es alternar el juego elaborado con el directo, por dentro y por fuera, por el centro… Darles muchas alternativas».

Del técnico argentino se aplaudió su valentía por sentar de inicio a Neymar, que todavía no está en forma tras las secuelas de su operación de amigdalitis, a Iniesta y Alba, por aquello de las rotaciones tras el Ecuador-España. «Fui muy claro con toda la plantilla, no se puede alcanzar el éxito a final de temporada, con tantos partidos, con sólo once o doce jugadores. Hemos de repartir el esfuerzo entre los 23. Tiene lógica y eso lo han entendido todos», aclaró. Incluso Messifue cambiado en el minuto 70, algo que no ocurría desde hace casi tres años. «Nadie cambiaría a Messi en un partido igualado, no hay nadie tan loco, pero hablé con él y entendió que en los partidos que se resuelven rápido hay que descansar». Eso sí es un nuevo Barça y no el de la presión arriba, con Messi descansando de vez en cuando.