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No hay peor resultado en el deporte que el cuarto puesto. Ya lo sabe Eusebio Cáceres, el español volador que compitió muy bien en la final de salto de longitud del Mundial, pero no lo suficientemente bien como para subir al podio, que se le quedó al alcance de los dedos, a nada, a un mísero centímetro. Y la medalla de plata, a dos. El tiempo dará valor a este resultado. Y el tiempo, sin duda, le presentará nuevas oportunidades. Tiene 21 años y fue el más joven de la final. El atleta de Onil puede llegar a los Juegos de 2020 o a los Mundiales de 2023, quién sabe.

Lo mejor de Cáceres fue su regularidad. En la final realizó tres saltos de 8,20 metros o más en una serie excelente: 8,09, 8,25, 8,17, 8,26 y 8,20. Un dato relevante porque hasta 2013 solo había pasado tres veces de esa distancia (8,37, 8,27 y 8,23). Pero le faltó la explosión. Como en la final del Europeo sub-23, en Tampere (Finlandia), cuando se impulsó hasta 8,37 y se llevó el oro. Un salto así hubiera valido una plata en Moscú. Y el oro en los Juegos de Londres y Pekín. Pero eso ya es entrar en el juego de las especulaciones. Porque si el mexicano Luis Rivera, bronce con 8,27, hubiera repetido los 8,47 que le dieron el oro en la Universiada, hubiera sido segundo. También por encima de Cáceres…

Solo vale lo que saltes en el ?día D?. Como Aleksandr Menkov -Cáceres llevaba dos semanas hablando de él como el favorito-, el ruso, un exsaltador de altura con una marca de 2,15, que no defraudó a su público y elevó su plusmarca a 8,52 en el tercer salto y a 8,56 en el quinto, el octavo mejor registro en una final del Mundial. Un triunfo inapelable. O como el neerlandés Ignisious Gaisah, que batió el récord de los Países Bajos con un salto de 8,29 para llevarse la plata (también tiene el récord de Ghana, su país de origen, con 8,43).

El español recuperó la atención sobre un deporte y una disciplina dejada de lado por el gran público desde que desapareció Yago Lamela, otro talento natural como Cáceres, el hombre que se batió con Iván Pedroso y que elevó el récord de España a 8,56. Tiempo tendrá el alicantino, el chico que se entrena en la pista José Javier Arqués, el velocista olímpico que también es ?colivenc? (de Onil) como el saltador, de atacar ese notable registro del asturiano. Porque una de las virtudes de Cáceres, un atleta moldeado por dos entrenadores (Jesús Gil y José Antonio Ureña), es que no deja de progresar. Qué lejanos quedan aquellos 5,57 que saltó con 13 años, que se convirtieron en 6,77 en la siguiente temporada. A los 15 ya tenía una marca aceptable con 7,36. Y a los 18 llegó al umbral que separa a los buenos del resto, los ocho metros. Este año ya ha superado los 8,30. Y sigue subiendo.

Ya no hay nada que le detenga. A sus 21 años tiene claro que quiere entregarse al deporte. Se acabaron las pizzas y las hamburguesas. Ahora es el nutricionista del tenista David Ferrer quien le indica qué tiene que comer. «Mi madre está encantada», se ríe. Y un podólogo cuida sus pies, siempre sensibles en una prueba como la longitud, del mismo modo que ha aceptado que tiene que pasar por el masajista con cierta regularidad. Porque de esos hábitos, imprescindibles es un deportista de élite, va a depender que llegue a 2023. O que bata el récord de Lamela. O que, antes o después, y el año que viene en el Europeo de Zúrich es muy probable, suba al fin a un gran podio internacional. Lo mejor ya lo tiene. La velocidad, un tobillo prodigioso y una buena cabeza. «Eusebio es un ganador. Siempre ha sido un ganador», advierte Niurka Montalvo, una saltadora que sí fue campeona del mundo de longitud.

Récord de España de 200

Bruno Hortelano es un caso atípico en el atletismo español. Su formación se ha desarrollado en Canadá y Estados Unidos, donde estudia ahora Ingeniería Biológica, y solo viaja a Madrid en verano para competir. El atleta del Playas de Castellón ha sido el único que ha logrado, hasta el momento, batir un récord de España en Moscú. Lo hizo por la mañana, en las series de 200, cuando fue capaz de correr en 20.44 con viento nulo, mejorando en cuatro centésimas la plusmarca que había fijado hace solo unas semanas Sergio Ruiz, quien en otra serie se quedó fuera de las semifinales (quinto con 20.88).

El nuevo plusmarquista, que, como curiosidad, corrió más rápido que Usain Bolt -venció su serie paseándose en 20.66-, no pudo mejorar un poco más el récord de España por la tarde, cuando entró quinto en su semifinal (20.55, de nuevo por debajo de los 20.58 que traía como mejor marca personal).

Hortelano, en realidad, nació en Wallongong (Australia), pero sus padres, científicos, unos microbiólogos moleculares españoles, se mudaron de inmediato a Toronto. Y desde hace tres años, a Ithaca, en el estado de Nueva York. Su padre ahora vive en Astana (Kazajistán) y Bruno aún no tiene claro qué hará cuando acabe su carrera el próximo año en Cornell University, donde disfruta de una beca por su buenos resultados académicos. En verano viaja a España. No solo por el atletismo. El año pasado realizó unas prácticas en el hospital Niño Jesús de Madrid en terapias contra el cáncer infantil. Hortelano, como Cáceres, es uno de los pilares del futuro del atletismo español.

Jornada del sábado

Ellos deberán heredar el peso que ahora soporta gente como Ruth Beitia, que este sábado (16 horas) afronta una nueva final después de lograr dos títulos europeos de salto de altura con un cuarto puesto, intercalado, en los Juegos Olímpicos. La cántabra se enfrenta a dos rivales que se han mostrado muy por encima del resto esta temporada: la estadounidense Brigetta Barrett (2,04 este curso) y la rusa Anna Chicherova (2,02). Pero ninguna otra de las finalistas ha superado los dos metros y Beitia, todo experiencia, está convencida de sus posibilidades.

La valenciana Loli Checa también estará presente en esta penúltima sesión del Mundial de Moscú con su participación en la final de los 5.000 metros. Su objetivo es alcanzar un puesto de finalista (entre los ocho primeros). Mientras que Javi Guerra y Ayad Landassem disputarán el maratón.